OPINIÓN: Descanse en paz, su majestad

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Aunque está distante de República Dominicana y de nuestras Américas, la muerte de Isabel II, quien expiró en su residencia de Balmora, Escocia, símbolo del poder y de la realeza británica, ha conmocionado e impactado a escala planetaria, porque logró consolidar un liderazgo que traspasó fronteras.
En medio de la pandemia COVID-19,  la guerra Rusia-Ucrania, los conflictos entre China y Estados Unidos, la crisis económica, el incremento de migraciones masivas que expresan la pobreza y el hambre que afectan a millones de personas y las propias controversias del reinado, los estados y los ciudadanos de todos los países crearon espacios para lamentar y llorar por el fallecimiento de su majestad, Isabel II.
También, el deceso de la reina ha permitido recordar con tristeza la trágica muerte de la princesa Diana, quien fue otro ícono del  trono, porque su figura alcanzó dimensión universal.
Un vacío quedará por siempre en el Palacio de Buckingham, residencia oficial y donde está instalada la oficina institucional de la reina, quien por siete décadas estuvo al frente de la realeza de Gran Bretaña y del Reino Unido, cuyo época  sustentó en una poderosa influencia en el sistema político, la economía, la cultura y el estilo de vida de la población.
Pese a todas sus virtudes, a su partida a la morada del Señor, Isabel II deja al Reino Unido con serios problemas sociales, políticos, económicos y procesos complicados a causa de la división de las clases que conforman la sociedad; corresponde, por tanto, a su sucesor, Carlos III, enfrentar esa realidad con la suma de esfuerzos y voluntades en procura de la unidad, rebasar las adversidades  y mantener el espíritu simbólico de la corona británica.
Es un compromiso del nuevo rey, de acuerdo a observadores políticos, garantizar la influencia del Reino Unido en el mundo y conjugar acciones en la búsqueda de superar los problemas internos; esa sería la forma de rendirle homenaje a la reina Isabel II.
Para el diario español El País “Isabel era para millones de ciudadanos la última  gran reina de una monarquía democrática admirada por su templanza, su espíritu práctico y sus tradiciones centenarias, nunca alteradas por un período de autoritarismo”.
Reino  Unido  lamenta la perdida de su  reina y los rostros de millones de seres humanos en el mundo se han humedecido con lágrimas, porque Isabel II fue amada por multitudes y su muerte entristece a mucha gente.
¡Descanse en paz y gloria eterna, su majestad!

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