ARTÍCULOS: Cuando el excremento humano hace las veces de médico

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Por Dr. Juan Ubaldo Sosa

Uno de los peores servicios públicos que recibe la provincia Monseñor Nouel es, sin duda, el que se ofrece a través del denominado médico legista. Su conducta, comportamiento y aptitudes resultan tan reprochables que compiten, lamentablemente, con las de un animal salvaje.

No logro comprender cómo un individuo con semejantes carencias humanas y profesionales pudo obtener un título de médico, ni cómo el Colegio Médico Dominicano permite que un personaje de esta calaña forme parte de su membresía.

Bonao se promueve como “Ciudad de Dios”; sin embargo, siempre la he considerado una ciudad fundada y desarrollada por el mismísimo diablo.

Aquí termina cayendo toda la basura que no encuentra vertedero en otros lugares. Así recibimos jueces, fiscales, policías, profesores, todos chatarras y rechazados en otras provincias con niveles de empatía y trato al público verdaderamente penosos, que avergüenzan no solo la profesión jurídica, sino la propia condición humana.

Del mismo modo, llegan médicos desechables, auténticos excrementos humanos, a quienes la ciudadanía debe pagarles sus sueldos con el fruto de su trabajo. Tengo grabaciones del trato que ciertos «médicos» brindan a los humildes en los hospitales…

En el caso del Sistema Judicial en su conjunto -que incluye por su puesto al Ministerio Publico, Inacif, etc-, una de sus grandes debilidades es la ausencia de evaluaciones reales de desempeño y, sobre todo, la falta de consecuencias por sus incorrectas e inaceptables actuaciones.

No existen mecanismos eficaces para expulsar a estos desechos institucionales que se creen con el derecho de atropellar a ciudadanos que trabajan duramente para general a través de impuestos, el pago de sus salarios.… van mas lejos aun, ellos mismos se ponen sus horarios de trabajo y fijan sus propias condiciones.

El médico legista de Bonao estaría mejor desempeñando labores como recoger de plásticos en las calles o cuidando cerdos en alguna finca, y le aconsejo —por su propio bien— que evite decir que es médico en presencia de otros profesionales o incluso de cualquier ciudadano común, para no dejar en evidencia su mediocridad, su bajeza profesional y su absoluta falta de empatía, delicadeza y respeto hacia el público que acude en busca de servicio.

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