La maratónica audiencia para conocer las medidas de coerción contra los imputados en el caso “Operativo Anti Pulpo”, dejó ver lo difícil y complicado que habrá de ser la lucha contra la corrupción.
Este patrón de conducta, violador de la ética y de la licitud, lleva a muchos funcionarios a la apropiación de los recursos públicos, es decir a la corrupción, fenómeno que con los años ha alcanzado la categoría de sistema social, justificado por toda una cultura y sustentado por una red de intereses directamente vinculados a la clase política y a la clase empresarial.
Ese nuevo rasgo de la corrupción, al asumir el rango de conducta sistémica y estructurada, es lo que la hace más difícil, porque son muchos los que la justifican y la defienden, especialmente en el espacio mediático, donde se distinguen reputados comunicadores defensores de los corruptos. Defender la conducta corrupta ya no es una vergüenza, sino una estrategia funcional para los intereses a los que responde.
Por esas razones la lucha contra la corrupción se hace más complicada y difícil y requiere de toda una clara y elevada conciencia social, de la cual deben surgir las estrategias y políticas públicas, para que la mayoría de los ciudadanos encuentren solución a sus necesidades, como la alimentación y la seguridad, hasta las necesidades más elevadas de realización individual y grupal.
Esa estrategia debe partir de líneas de acción que fortalezcan al Estado como regulador y autoridad, y a la Empresa como expresión de una vigorosa iniciativa privada, tal como se intentara luego de Trujillo. Ese esquema de un Estado estimulando la Empresa privada, se ha visto truncado en los últimos tiempos, volviéndose al esquema que pone énfasis en el rol del Estado como generador de empleos y de oportunidades, obstaculizando el progreso de la iniciativa privada.
Los nuevos gobiernos partiendo de ese retroceso, revalorizaron las posiciones públicas, haciéndolas más atractivas y más accesibles a los segmentos populares de la población que canalizaron la búsqueda de lo “mío” a través de la política y los partidos. De ese modo la población en vez de encaminar sus pasos hacia el mundo privado de la Empresa, los dirigió al mundo del Estado a través de la política y los partidos que se convirtieron en los mayores generadores de oportunidades y de empleos.

Con ello el país perdió el rumbo hacia su verdadero desarrollo del capitalismo criollo, al tiempo de abrirle espacio al fenómeno de la corrupción, donde la política se convirtió en la mejor forma de hacer negocios. Ese es el espectáculo que vemos con pena y pesar en el famoso caso del “Operativo Anti Pulpo” y que se verá con mayor dimensión, cuando el Ministerio Público, si lo dejan, presente la decena de casos que dice está investigando.
Por esas razones la lucha contra la corrupción, compromiso de este Gobierno, no solo debe contar con un Ministerio Público y una Justicia independientes y en capacidad de cumplir con sus misiones, sino también deberá contar con el apoyo del Gobierno y de la propia ciudadanía empoderada en contra de la corrupción y la impunidad.
¡Retomemos, pues, el camino de la iniciativa privada, ahora con justicia!





