agosto15 , 2026
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    OPNIÓN: Alex Bueno la voz eterna de la dominicanidad y el alma del merengue

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    Por Rafael A. Escotto

    «Misterioso y silencioso,  

    iba una y otra vez.  

    Su mirada era tan profunda,  

    que apenas se podía ver.  

    Cuando hablaba tenía un dejo  

    de timidez y de altivez  

    y la luz de sus pensamientos  

    casi siempre se veía arder»,  

    Antonio Machado.

    Cada palabra, cada entonación que brotaba de la voz inconfundible de Alex Bueno —recién fallecido en Nueva York— fue una melodía sagrada destinada a perpetuar la identidad y el sentir dominicano. Su legado musical trasciende el espacio y el tiempo, dejando una huella imborrable en la historia artística de República Dominicana y el Caribe.

    Nacido en San José de las Matas, provincia Santiago, el 6 de septiembre de 1963, Alex Bueno desde temprana edad mostró un talento innato para la música. Su trayecto comenzó como vocalista del grupo Santo Domingo All-Star, de Gerardo Veras, en 1980, donde con su voz privilegiada aportó al auge y popularidad del merengue en la década de los 80. Así lo hizo también en la orquesta de Fernando Villalona en 1981. Sin embargo, su espíritu ­inquieto y su deseo de explorar nuevos horizontes le llevaron a iniciar una carrera como figura principal en el merengue y ahí nació la Orquesta Liberación en 1983.

    Más tarde desarrolló una versatilidad artística notable que lo llevó a tocar géneros como la balada, la bachata y la salsa, además del merengue tradicional.

    Alex Bueno colaboró con grandes artistas de todos los géneros de la región, fortaleciendo así el tejido musical caribeño y acercando distintos estilos y generaciones. Su capacidad para fusionar ritmos y emociones hizo que sus presentaciones en vivo fueran momentos mágicos donde fluía la energía de un pueblo entero.

    Más allá de la fama, Alex Bueno fue consi­derado un hombre humilde, reservado y profun­damente comprometido con sus raíces. En sus letras y melodías se siente el amor puro por la tierra que lo vio nacer, la nostalgia por el barrio de su infancia y la esperanza de un pueblo que sueña. Su voz, potente y emotiva, fue un refugio para quienes buscan consuelo y alegría en la música.

    Su partida representa no solo la pérdida de un gran cantante, sino también de un símbolo cultural que supo representar con dignidad la esencia de República Dominicana. En medio del dolor, su música se convierte en memorial permanente, en ese canto que nunca cesa, que nunca muere.

    Así como Antonio Machado nos recordó la luz que arde en los pensamientos profundos, Alex Bueno será recordado por esa luz eterna que iluminó los corazones de millones con su canto. Un artista cuyo eco seguirá resonando en la historia y en la memoria colectiva de nuestra gente.

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