OPINIÓN: ¿Qué ha pasado en Santiago?

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La apacible y acogedora ciudad de Santiago de los Caballeros, fue convertida en un centro preferido por delincuentes de “cuello blanco”, quienes han dirigido redes del crimen organizado con ramificaciones internacionales; la situación se torna alarmante, porque revela la penetración de las redes criminales dentro de la autoridades, quienes habían sido incapaces hasta ahora, de prevenir y combatir las diferentes modalidades de la  delincuencia.
Hay que resaltar el término transnacional, porque existen sólidas conexiones entre bandas que operan en la zona con mafiosos  organizados y radicados en Estados Unidos, Colombia, México, Perú y España, lo que se expresa en los cargamentos de drogas incautados en los puertos de República Dominicana y esas naciones.
Es lamentable que la otrora metrópoli de la convivencia pacífica, haya sido convertida en un “nicho” de narcotraficantes y malhechores que sustentan el sicariato, el crimen, distribución de drogas, trata de personas, prostitución y raptos de menores de edad.
Se ha determinado que los criminales permean instituciones estatales, logrando burlar los controles administrativos para ejecutar sus operaciones ilícitas, en la medida que propician la corrupción y eso le ha permitido obtener niveles de complicidad e infiltración en estamentos claves del Estado.

Recordemos las acciones de un grupo de  jóvenes, quienes son hijos de exfuncionarios del Gobierno y de algunas familias poderosas de Santiago, a través de las cuales realizaban contrabandos de armas, dólares y mercancías por las aduanas y aeropuertos; todos están en libertad y disfrutan sus fortunas, porque la justicia fue benigna con ellos.
Ahora la ciudad de Santiago ha sido estremecida por varios escándalos por narcotráfico, lavado de activos y tráfico de estupefacientes, los cuales se concentran en los casos Falcón, Discovery y FM, en los cuales están involucrados algunos empresarios y políticos.
Frente a esta dramática realidad, las nuevas autoridades judiciales auspiciadas por el Estado, han adoptado medidas urgentes para aniquilar el crimen organizado por la tranquilidad y seguridad de las familias santiagueras. Esta nueva orientación de las autoridades en contra del crimen organizado ha permitido poner en evidencia y apresar varias de las mafias que se habían instalado en esta ciudad de Santiago.
Es justo reconocer los esfuerzos del Ministerio Público y otras instancias en la búsqueda de frenar a los delincuentes, pero es preciso que sean más agresivos con los fines de garantizar el sosiego de una población que se siente acorralada por los “forajidos”.
Que las autoridades sigan develando la trama de las mafias y profundicen el combate de las mismas. Y que se creen las condiciones para rescatar las tradiciones, costumbres y valores que caracterizaban un hábitat agradable y seguro en el Primer Santiago de América.
Ese es el deber de las autoridades.

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