OPINIÓN: Punta Catalina: problema inagotable

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La generadora eléctrica de Punta Catalina vuelve a ser motivo de la atención pública, luego que se diera a conocer un estudio que valida los daños en contaminación que genera esa planta energética.
La contaminación generada por Punta Catalina no solo abarca el territorio nacional, sino que está afectando todo el territorio de Haití, Jamaica y buena parte de Cuba, lugares en que las partículas generadas por la operación de la planta contaminan el aire afectando severamente la salud de la población.
El estudio destaca y detalla las enfermedades que provoca el alto nivel de la contaminación esparcida en el aire, estableciendo que en el país se producirán al año unas 57 muertes por efecto de la contaminación, mientras que en Haití se producirán unas 127 muertes.
También resalta el estudio que las enfermedades más afectadas por la contaminación de Punta Catalina son: la diabetes, cardiopatía isquémica, cáncer del pulmón, infecciones respiratorias, así como asma en infantes, nacimiento de bebés prematuros, entre otras.
El estudio no trata, al menos en lo dado a conocer, de los impactos contaminantes en la producción agropecuaria y en la red hídrica en los territorios contaminados.
Los daños a la salud de esa contaminación, tanto aquí como en los demás países considerados en el estudio, hay que unirlos a los daños provocados por los errores técnicos que se cometieron, a partir de la escogencia de una alternativa basada en el uso de carbón, en vez de una planta a gas.
Esa errada decisión hay que asociarla al pecado original de la corrupción, la que se asumiera como instrumento para la apropiación privada de los recursos públicos, a modo de sustentar el objetivo político de crear la nueva clase gobernante y dominante que se construyera y que se insertara en el modelo promovido en Las Américas por el “socialismo del siglo XXI” de factura brasileña y venezolana, en contra de los intereses hegemónicos de los EE. UU.
Por eso se escogió la alternativa de una planta a carbón en vez de gas para producir unos 700 megas que terminaron costándole al país, y hasta ahora todavía no se sabe la inversión final, un valor por encima de los 3 mil 400 millones de dólares, consecuencia de la fórmula sudamericana de “soborno, sobrevaloración y asistencia electoral”.
Los daños ambientales y de salud, ahora conocidos por el estudio de la contaminación de Punta Catalina, así como el altísimo costo financiero de una obra defectuosa, consecuencia de la ERA de la corrupción sistémica y estructural, no solo dañarán la salud dominicana y del Caribe afectado, sino que descompuso la moral de una nación inoculada por la doctrina neoliberal que ha inspirado,  tanto al populismo de derecha o empresarial, como al populismo de izquierda, ambos contaminados por el “consumismo” y la movilidad social.
¡Tantos daños a la nación hay que resarcirlos con el fin de la impunidad!

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