OPINIÓN: Pérez y Pérez se llevó secretos trascendentes

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En un ambiente de exterminio de comunistas Joaquín Balaguer auspició la formación de dos grupos militares, el de Pérez y Pérez, y el de Nivar Seijas

Cuando el mayor general ® ERD Enrique Pérez y Pérez se desvaneció el 8 de febrero reciente, llevó consigo secretos trascendentes de su exitosa carrera académica militar, en especial su protagonismo en diversas responsabilidades públicas en el bronco y sangriento período de los tenebrosos Doce Años del presidente Joaquín Balaguer (1966-1978).

Recuerdo vivir esos doce años por escribir del tema, y estar muy cerca de los dos grupos militares que el presidente Balaguer forjó y creó “a posta”, es decir, exprofeso, con la inteligente consigna certificada por el brillante sociólogo florentino Nicolás Maquiavelo, en su obra El príncipe, consulta para sobre todo políticos, de “divide, y vencerás”.

Desde que asumió por primera vez el poder sin la coyunda del generalísimo, el primero de junio de 1966, el presidente Balaguer planeó un proyecto inconcluso del poder, conocedor de que los poderes fácticos de siempre, Iglesia Católica, empresarios y cúpula castrense, no solo le eran adictos, sino que garantiza sus estatus de poderes fácticos dominantes.

Porque esos poderes no tenían confianza en Juan Bosch, el único líder opositor, que no los conocía, ni ellos a él, por su ausencia del país por 25 años de exilio antitrujillista, y esa coyuntura permitía al presidente Balaguer concretizar su proyecto continuista inconcluso.

El presidente Balaguer correctamente entendía que solo los militares, si en un momento específico pudiesen acordar, eran capaces de frustrar su proyecto inconcluso del poder, y procedió a dividirlos primero, y enriquecerlos luego, porque de presentarse una disidencia, los jefes militares sabían que sólo podían ser sustituidos, muy diferente cuando el generalísimo, sabedores que irían al cementerio.

Pérez y Pérez era uno de los militares académicos mejor formados y entrenados para manejar coyunturas políticas difíciles, y el presidente Balaguer, que demostró manejar la sicología de su pueblo y subalternos como solo precedieron el presidente Ulises Heureaux, el terrible Lilís de los “fusilamientos provisionales”, y el tétrico generalísimo, usó y jugó con los jefes militares al circo de la división, con el soporte de la “ración del boa”, carnada concretizadora de su proyecto.

Los doce años
En el transcurso de los mencionados sangrientos Doce Años, la izquierda criolla había crecido exponencialmente, y entre los grupos de porfía al sistema y al presidente Balaguer, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), llevó la primicia de la confrontación a ambos poderes, asesinando policías y su más costosa e inútil osadía, secuestrar al jefe militar del Grupo Consultivo de Asistencia Militar (MAAG), de Estados Unidos, coronel Donald Crowley, mientras practicaba polo en la cancha anexa al hotel El Embajador.

Fue entonces que trascendió informal el mensaje enviado al presidente Balaguer por su parigual Richard Nixon, entregado por el embajador Hugh Crimmins, de eliminar esos grupos radicales, o atenerse a las consecuencias, decantándose el gobernante por lo primero.

Es el escenario donde surge el general Pérez y Pérez como el hombre necesario y preciso, en una coyuntura específica estelar, procediendo sin contemplaciones por métodos expeditivos a secundar a su mandante preservarlo en el poder, cayendo uno a uno los cabecillas del MPD, luego de la estéril temeridad de secuestrar al coronel Crowley.

Todos fueron abatidos, aquí y en Bruselas el máximo líder del MPD, Maximiliano Gómez (El Moreno).

Andrés Ramos Peguero, interrogado por Pérez y Pérez en su celda de Operaciones Especiales PN de Manoguayabo, desapareciendo luego.

Creación de La Banda, paramilitares cazadores de comunistas.
Aparecieron en los cuarteles policiales y militares pequeños letreros que decían:
“El mejor comunista es el comunista muerto”.

Contrapeso
En esa grimosa circunstancia de exterminio comunista, el presidente Balaguer auspició fortalecer dos grupos militares, el llamado “duro”, liderado por Pérez y Pérez, y el conciliador, liderado por el general ERD Neit Rafael Nivar Seijas.

El grupo liderado por Pérez y Pérez estuvo integrado por los generales Salvador Lluberes Montás (Chinino), paracaidista FARD, vicealmirante Ramón Emilio Jiménez Reyes, comodoro Manuel Logroño Contín (Perico), coronel ERD José Ernesto Cruz Brea, coronel ERD Osvaldo Usino Guzmán Liriano, mientras que el general Nivar, líder del Grupo de San Cristóbal, integrado por los generales Marcos Jorge Moreno, José de Jesús Cheo y Juan Tomás Reyes Evora.

El general Nivar Seijas postulaba conciliar, apaciguar y atraer a cabecillas izquierdistas, ofreciéndole disimulado trato, consentido por el presidente Balaguer como forma alternativa de presentar sesgo humanizante de su dictablanda, usando intermediario a su jefe de Servicio Secreto PN, mayor Ramón Henríquez (El Coyote), y al conocido “plomero” doctor Frank Cabral Calcagno, entre otros.

En una ocasión conversé con el mayor general Pérez y Pérez, intentado acordar entre ambos redactar su memoria, para que estos y otros momentos cumbres de su carrera no los llevase consigo a la tumba.

Estaba sentado en su poltrona de jefe policial. Agarró fuertes los asideros de las manos, y con los ojos desorbitados y el rictus duro, solo me respondió:
“Si yo hablo, la tierra tiembla”.

Se llevó al sepulcro episodios trascendentes reciente historia el campesino de Vengan a Ver, Olla del Lago Enriquillo, ingresando a Ciudad Trujillo en la cama de un camión propiedad del mayor ERD Juan Soriano, concluyendo siete décadas después socio del exclusivo Santo Domingo Country Club y el jefe militar más notorio post Trujillo.

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