septiembre10 , 2026
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    OPINIÓN: Orar por la nación, servir a la patria

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    La convocatoria del presidente Luis Abinader a una Jornada Nacional de Oración y Acción de Gracias por la República Dominicana constituye una iniciativa que merece ser valorada más allá de las diferencias políticas o religiosas. En momen­tos de incertidumbre, dificultades y amenazas naturales, detenerse para elevar una plegaria por el país puede ser también una oportunidad para recordar que una nación necesita algo más que crecimiento económico, instituciones y obras materiales: necesita valores capaces de sostener la convivencia y fortalecer el sentido del bien común.

    La presencia de representantes de distintas denominaciones religiosas en el Palacio ­Nacional reviste un significado especial. La diversidad de credos no tiene por qué conver­tirse en motivo de división cuando existe un propósito común: pedir por la paz, por las familias, por los enfermos, por los jóvenes, por los adultos mayores y por quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos nacionales.

    Desde una perspectiva cristiana, la oración nunca debe entenderse como sustituta del deber. Pedir sabiduría, protección y fortaleza implica también actuar con prudencia, hones­tidad y espíritu de servicio. Por eso resulta significativo que esta jornada haya sido vincu­lada con acciones concretas de preven­ción, entre ellas los simulacros ante terremotos y la educación ciudadana. Una sociedad que pide protección también debe prepararse ­responsablemente para enfrentar los riesgos que la naturaleza pueda imponerle.

    Es comprensible que algunos cuestionen la participación del Gobierno en una jornada de esta naturaleza, en atención a la necesaria separación entre las instituciones públicas y las creencias particulares. Sin embargo, una convocatoria a la oración no tiene por qué significar imposición religiosa ni desco­no­cimiento de la libertad de conciencia, siempre que se respete la pluralidad y que el propósito sea promover el bienestar colectivo.

    La República Dominicana necesita forta­lecer, con mayor determinación, valores como la solidaridad, el respeto, el perdón, la responsabilidad y el amor al prójimo. Son principios que trascienden las coyunturas partidarias y que resultan indispensables para afrontar problemas que ninguna autoridad puede resolver por sí sola.

    El llamado presidencial a que el “amén” sea también un comienzo contiene, precisamente, la enseñanza fundamental de esta jornada: la oración debe conducir a la acción. Orar por la patria significa también cumplir las leyes, trabajar con honestidad, ayudar al necesitado, proteger al vulnerable, cuidar el medioambiente y asumir cada ciudadano su cuota de responsabilidad.

    Una nación que ora por su futuro debe, al mismo tiempo, trabajar por construirlo. Que esta jornada no quede reducida a un acto ceremonial, sino que contribuya a fortalecer la fe, la unidad, la solidaridad y el compromiso de todos con una República Dominicana más justa, segura, pacífica y fraterna. Porque servir a la patria también es una forma de oración.

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