septiembre7 , 2026
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    OPINIÓN: Santiago Oeste necesita soluciones educativas

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    La situación que atraviesan varios centros educativos de Santiago Oeste demanda dar continuidad, con carácter prioritario, a las acciones que han emprendido las autorida­des para su reparación y puesta en funciona­mien­to. El objetivo debe ser que estos planteles sean rehabilitados con la mayor rapidez posible y vuelvan a estar al servicio de los estudiantes, garantizando condiciones adecuadas y seguras para el desarrollo de la docencia.

    Miles de estudiantes se encuentran afectados por problemas de infraestructura que dificultan o impiden el desarrollo normal de las actividades escolares, una realidad que no debe prolongarse más allá del tiempo estrictamente necesario para ejecutar las reparaciones. La Asociación Domi­ni­cana de Profesores ha señalado dificultades en las escuelas Emma Balaguer, Rafaela Jiminián de Cruz, Cienfuego Abajo, doctora Teresa Peña Silverio y el liceo Carmelo Sandoval. Más allá de las diferencias existentes en las cifras divulga­das sobre la cantidad total de alumnos afectados, resulta evidente que cientos de niños y jóvenes permanecen sin las condiciones necesarias para recibir enseñanza presencial.

    El Ministerio de Educación ha comenzado a responder. En el caso de la escuela Rafaela Jimi­nián de Cruz, intervenida para corregir problemas estructurales, las autoridades de la Regional 08 han anunciado gestiones para reubicar temporal­mente a unos 900 estudiantes en otro plantel cerca­no. También se ha recurrido provisionalmente a alternativas virtuales mientras avanzan las reparaciones. Valoramos estas gestiones, pero la magnitud del problema necesita acelerar las soluciones.

    La educación presencial, especialmente en los niveles inicial y básico, no puede sustituirse indefinidamente mediante mecanismos provisionales. La prioridad inmediata debe ser loca­li­zar espacios seguros y adecuados para reubicar a los estudiantes mientras concluyen las interven­ciones. El propio Ministerio ha contemplado, dentro de su planificación nacional, la habilita­ción y contratación temporal de espacios en aquellas comunidades donde existen dificultades de infraestructura o disponibilidad de aulas.

    Ese mecanismo debe aplicarse con urgencia en Santiago Oeste. Al mismo tiempo, la Dirección de Infraestructura Escolar debe establecer un cronograma preciso para la reparación y termi­nación de los centros afectados, informar periódicamente sobre los avances y garantizar que las obras no vuelvan a sufrir interrupciones innecesarias.

    Particular atención merece la escuela Rafaela Jiminián, cuyos estudiantes llevan semanas espe­rando una solución definitiva, así como Emma Balaguer y Teresa Peña Silverio, sobre las cuales docentes y comunitarios han expresado preocupación por las condiciones de sus estructuras.

    El Gobierno ha desarrollado un amplio progra­ma nacional de construcción, rehabilita­ción y mantenimiento de planteles escolares. Ese esfuerzo debe reconocerse. Precisamente por ello, situaciones como la de Santiago Oeste deben recibir atención prioritaria para que los objetivos nacionales se traduzcan también en soluciones concretas en cada comunidad. Cada día fuera del aula representa aprendizaje perdido y aumen­ta la desigualdad educativa.

    La respuesta, por tanto, debe desarrollarse simul­táneamente en dos direcciones: reubicar a los estudiantes afectados y acelerar, la reparación de sus escuelas. Garantizar un aula segura no es solamente resolver un problema de infraestructura. Es proteger el derecho fundamental de nues­tros niños y jóvenes a la educación.

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