septiembre2 , 2026
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    OPINIÓN: Frontera dominicana: seguridad, soberanía y responsabilidad

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    La frontera es mucho más que una línea que separa territorios. Es el espacio donde el Estado ejerce su soberanía, protege a sus ciudadanos, organiza los intercambios y garantiza el cumplimiento de sus leyes. Por eso, fortalecer la frontera dominicana no constituye una acción circunstancial, sino una responsabilidad permanente del Estado.

    La reciente visita del presidente de Honduras, Nasry Asfura, a la zona fronteriza junto al presidente Luis Abinader, así como su recorrido por las instalaciones de seguridad y la verja perimetral, han colocado nuevamente este tema en la atención ­regional. Las autoridades dominicanas han planteado una estrategia que combina seguridad fronteriza, conectividad y desarrollo económico.

    La República Dominicana tiene el legítimo derecho de controlar su territorio, regular la entrada y salida de personas y mercancías y combatir las actividades ilícitas que puedan poner en riesgo la seguridad nacional. El tráfico de personas, armas, drogas y mercancías requiere una respuesta firme y coordinada de las instituciones responsables.

    Pero una frontera segura no se construye únicamente con muros. La infraestructura física es importante, pero debe complementarse con tecno­lo­gía, vigilancia, inteligencia, controles migratorios eficientes y cooperación entre las instituciones civiles y militares. También requiere mecanismos modernos para identificar riesgos, combatir las redes del crimen organizado y garantizar que quienes ingresen al territorio lo hagan conforme a la ley.

    La seguridad, además, debe estar acompañada por desarrollo. Las comunidades fronterizas no pueden ser consideradas únicamente como zonas de vigilancia. Son territorios habitados por domi­nicanos que necesitan empleos, servicios públicos, infraestructura, educación y oportunidades económicas. Una política fronteriza sostenible debe fortalecer la presencia integral del Estado y convertir la frontera en un espacio de desarrollo y prosperidad.

    En ese sentido, resulta importante que la estrategia oficial incorpore proyectos de infraestructura y comercio formal. El Gobierno ha planteado, entre otras iniciativas, mercados binacionales y una red de puertos secos destinados a organizar el intercambio comercial y reducir espacios para la informalidad y el contrabando.

    También es fundamental que el control migratorio se ejerza con firmeza, pero dentro del marco de la ley y con respeto a la dignidad humana. Orden migratorio y derechos fundamentales no son concep­tos contradictorios. Al contrario, un Estado de derecho debe ser capaz de hacer cumplir sus normas de manera transparente, responsable y efectiva.

    La frontera dominicana necesita, por tanto, una visión de largo plazo. Seguridad, tecnología, control migratorio, lucha contra el crimen organizado, ­desarrollo económico y cooperación internacional deben formar parte de una misma política pública.

    Defender la frontera no significa levantar barreras contra el mundo. Significa garantizar que la República Dominicana pueda relacionarse con sus vecinos y con la comunidad internacional desde la seguridad, el orden y la soberanía.

    Una frontera fuerte no es solamente una frontera vigilada. Es una frontera donde está presente el Estado, donde se respetan las leyes, donde prosperan sus comunidades y donde la soberanía se ejerce con responsabilidad. Ese debe ser el verdadero objetivo: una frontera segura, ordenada, moderna y humana, capaz de proteger el territorio y, al mismo tiempo, abrir oportunidades para quienes viven en ella.

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