Hace años, el Dr. José Antonio Báez Leonardo—eminente oftalmólogo de
este paisaje tropical— lanzó la frase más sabia que se ha dicho en suelo
dominicano después de “sube el arroz y baja el peso”: “en este país, el
tiempo no importa y pasa entre acordes de flautas como el cóndor aquel”.
Sí, porque aquí la vida no se mide en horas, días o meses… se mide en
huelgas de la ADP, banderas negras del Falpo, vaguadas repentinas, ciclones
con nombre gringo y caravaneos políticos al ritmo de bachata desafinada.
Ese es nuestro calendario oficial, avalado por la Oficina Nacional de
Meteorología y el Comité Central de la Improvisación.
¿Quieres construir un edificio? Excelente. Solo calcula la próxima huelga magisterial, súmale una vaguada y, si es año electoral, agrégale caravanas
políticas tres veces por semana. ¡Listo! Ese es tu cronograma de obra.
¿Cursar una carrera universitaria? Maravilloso. Cuatro años de teoría, dos
de huelgas estudiantiles, tres de paros sindicales, y la tesis suspendida por un
ciclón categoría 2 que “cogió de sorpresa” al país (como todos).
Mientras tanto, el dominicano promedio recita sus frases patrimoniales como un
mantra budista tropical: “No hay un peso en la calle” (aunque la esquina esté
llena de jipetas 2025).
“Que gobierno más malo” (aplicado con precisión quirúrgica a todo gobierno
desde la Independencia). “Todo está por las nubes” (pero el colmado nunca se queda sin cerveza ni el salón sin blower). Y la UNESCO, siempre buscando
rarezas culturales, debería declarar patrimonio inmaterial de la humanidad
el arte de la queja dominicana. Porque, seamos sinceros, conocer la
psicología del dominicano es una disciplina más compleja que la física
cuántica.
Un dominicano puede jurar solemnemente que “no hay quien salga
a la calle a comprar nada”, mientras camina rumbo al supermercado
cargando tres fundas repletas de plátanos, queso geoestacionario y aceite
a precio de oro.
En resumen, la vida en Dominicana no se vive, se navega entre huelgas que nunca solucionan nada, vaguadas que aparecen más que los recibos de la luz, políticos que hacen caravanas para inaugurar un semáforo, y frases que son verdaderas cátedras de antropología nacional.nAquí el tiempo es relativo, pero la ironía… es infinita.
Juan Ubaldo Sosa es medico y abogado de los tribunales del país