ARTICULOS: Tres son los enemigos principales del Presidente

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Por Melvin Mañon
Luis Abinader llegó a la presidencia ilusionado y con las alforjas cargadas de buenas intenciones, gobierna sin ningún partido con credibilidad que le haga oposición, en un país que ansiaba deshacerse del PLD y acariciaba la esperanza de un renacer democrático, de que se hiciera justicia y se adecentara la vida nacional. 

Por su parte, Luis Abinader no tenía motivos para creer que la pandemia sería tan prolongada y terrible, no tenía todos los datos sobre el desastre económico y moral que dejaba Danilo Medina y a varios de los que trajo al gobierno le atribuyó vocación de servicio y no pura ambición personal. 

Como en esos viajes transatlánticos avión y pasajeros no necesariamente disfrutarán durante el resto del vuelo el mismo clima que tuvieron al despegue.

 Luis es el pitcher abridor en un juego pactado a 48 innings o sea un vuelo largo y habrá turbulencias.     

Tres son los enemigos principales del Presidente: 

(a) La cultura política heredada y fielmente encarnada en el PRM.  

(b) La naturaleza especial y única de la situación mundial y  

(c) La inexperiencia propia y de los colaboradores mas cercanos.  

(a)   El PRM es el mismo PRD de antes, bueno en la oposición malo en el gobierno. Ahora, sin Peña Gómez ni la mística patriótica de aquella época es peor.  No tiene una visión de país. Son rentistas como los otros, más de lo mismo; creen y ejercen la política para beneficio personal. No piensan ni acompañan al presidente en su ilusión de buen gobierno. Ni siquiera entienden que hacerlo bien es la mejor manera de conservar el poder. Son un lastre, pero, al menos, formalmente pasan como el partido de gobierno.  El Presidente busca un equilibrio entre las diversas fuerzas que lo rodean. Las apetencias e inconductas del PRM, las ambiciones personales y deslealtades de otros colaboradores, los compromisos con el empresariado, las presiones de un pueblo insubordinado. Todo el mundo reclamando derechos y privilegios y esos mismos rehusando o eludiendo obligaciones. En el gran sueño país, de hacer las cosas bien y dejar un legado ético el presidente está solo y ni él ni su entorno han podido evaluar hasta qué punto ya tuvo lugar un cambio de época y con esto, el advenimiento de un nuevo escenario histórico.  

(b)   Durante la segunda guerra mundial murieron más de 60 millones de personas, ciudades enteras fueron devastadas, la economía sufrió reveses y cataclismos, las personas emigraron por millones a otras partes del mundo, sin embargo, fuera de Europa y de las áreas de conflicto el resto del mundo como América entera, gran parte de Africa y Australia no vivieron la catástrofe desatada por la guerra. La gran depresión económica iniciada en 1929, la epidemia del SIDA más reciente, los terremotos devastadores, los huracanes, las hambrunas por sequía o por inundaciones o por plagas, el genocidio, el terrorismo y tantos otros males, tragedias y desventuras se han cebado indistintamente en países, regiones e incluso continentes pero nunca como ahora fue tan verdaderamente global una epidemia, nunca se diseminó tan rápidamente y nunca encontró a los países, sus gobiernos y sus presuntos lideres tan pobremente preparados. Pero la pandemia actual acontece en medio de migraciones masivas por hambre, por guerras, por anarquía; las economías desarticuladas, el medio ambiente agraviado y lesionado, desorganizado el clima en todo el mundo y la humanidad viviendo una aberración tras otra entre los medios de comunicación y las redes sociales. La civilización actual, el estilo de vida que hemos conocido, la cultura que hemos fabricado, los valores que hemos abrazado, todo ese andamiaje se viene abajo, en todo el mundo a medida que una época llega a su fin sin que este claramente definido el perfil de lo que viene más adelante. Hay que saber decodificar la época y derivar las consecuencias políticas y eso no es nada fácil.  

(c)   Cuando la humanidad estaba más necesitada de dirigentes audaces, iluminados y resueltos, cuando las sociedades más urgidas estaban de preservar valores, nos encontramos un mundo  en el cual muchos  dirigentes son payasos sin gracia, parte de una fauna que no está ni remotamente a la altura de las circunstancias y una masa de tecnócratas que, en su función de servidores públicos, están en gran medida en sintonía con esos dirigentes.  

Luis Abinader preside sobre un país muy maltratado pero también muy degradado moralmente. El todo vale, la comisión de delitos sin consecuencias, el enriquecimiento ilícito, la competencia feroz por escalar, por consumir, por competir; millones de personas viviendo más allá de sus posibilidades y dispuestos a hacer cualquier cosa para seguir así; es un asunto de tener cosas, de vivir vidas ajenas y estar siempre insatisfechos. 

La glorificación del individualismo que vivimos, el hedonismo exacerbado, el abandono virtualmente generalizado del patriotismo, el abandono de toda idea de proyecto de nación por parte de segmentos importantes de la población y de su parte más avanzada intelectual y profesionalmente, todos, individualmente y en conjunto son factores que dificultan y trastornan extraordinariamente las posibilidades de cualquier presidente.

Y a todo lo anterior añádase un agravante: incluso dentro de esa minoría que ciertamente existe con vocación patriótica y sentido de nación, está lastrada en sus posibilidades porque a las buenas intenciones no corresponde una comprensión apropiada del momento que estamos viviendo. 

EL AUTOR es sociólogo y escritor. Reside en Santo Domingo.

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