La mayoría de la gente le exige a la Policía que sus agentes sean educados, bravos, comefuego, héroes y que no tengan miedo ante una situación. Y las exigencias se les hacen (casi siempre) a los de rangos medio y de abajo. Pero sucede que los miembros de esa institución salen del mismo seno del pueblo, y ella está en correspondencia con el tipo de sociedad. Además, fundada en la represión y los abusos, todavía no se ha destrujillizado ni modernizado.
Nadie casi quiere ser policía, porque aparte de su bajo salario y riesgos, cualquier baboso politiquero lo humilla y lo traslada si intenta hacer un servicio que afecte los intereses de las lacras del sistema, o en muchos casos, los de las mafias de los de alto rango.
Si la ciudadanía estuviera educada, también tendría una mejor policía. Si la ciudadanía fuera brava y unida, pues habría desmantelado todas las semillas que producen el desorden, los cuales están en la clase política. Porque si existen los puntos de drogas por doquier, el tráfico de influencias y las injusticias, es por la responsabilidad de unos funcionarios y politiqueros corrompidos, por la dispersión ciudadana, y porque encuentran eco en un rosario de saltibanquis de la palabra y buscapeso en los medios de comunicación.
¡Vayamos más a la raíz!