En 1861 triunfaron quienes carecían de la fe y la fortaleza necesarias para mantener en alto la independencia nacional ganada en febrero de 1844.
La declaración de la nación para vivir en libertad y en atención a la soberanía de la patria era un sueño por el cual se luchaba.
Tras ese ideal, José Núñez de Cáceres encabezó el movimiento conocido en nuestra historia como la Independencia Efímera. La separación proclamada con vocación de libertad y soberanía duró apenas dos meses y días.
Pero el sueño no decayó; se agigantó a partir de 1822, cuando sucesivos gobiernos haitianos invadieron la parte española de la isla e impusieron su gobierno y su bandera.
Los trinitarios, presididos por el patricio Juan Pablo Duarte, hicieron realidad la independencia nacional el 27 de febrero de 1844.
Los haitianos tuvieron que replegarse a su país. Así nació la República Dominicana.
Pero la lucha no cesó. Haití insistió en recuperar las tierras dominicanas, y las guerras se hicieron cuasi permanentes, unas veces por el norte de la frontera que hoy conocemos, y otras, por el sur. Pero en cada caso los dominicanos mostraban su valor y sus destrezas.







