ARTICULOS: La masacre del río Masacre

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Por Marino Báez

mbaezjj@gmail.com

Los vestigios dejados por los haitianos cada vez que pisan o tocan suelo dominicano no son del todo halagüeños y; esto data desde el 1801 al 2015, por lo que, hace ya más de un siglo que vienen invadiendo a la República Dominicana, dejando en cada intento secuelas de problemas, angustias y horrores en las diversas poblaciones y provincias que bordean la geografía nacional, principalmente las localidades fronterizas, constituyéndose en una grave amenaza política, económica y cultural que subestima nuestra sociedad.

Las bandas creadas con el soporte financiero del gobierno, la comunidad internacional y una camada de empresarios que convergen para justificar la unión irracional de las dos islas, no surgen por casualidades que buscan cambiar el sistema político de Haití, más bien es una estrategia que data de tiempos inmemoriales y que sus raíces socavan la nacionalidad dominicana.

Se habla constantemente de que a los haitianos se les vulneran sus derechos, pero, ¿cuáles derechos?, ¿el derecho a depredar el país como han hecho con Haití, que más que un país es una selva?, ¿el derecho a asesinar dominicanos y escaparse hacia su país?, ¿el derecho a traficar armas ilegales desde Haití, para negociarlas en RD?, ¿el derecho a quitarnos los servicios médicos y los empleos?; y finalmente, ¿el derecho a comercializar productos que trafican desde su país, sin ningún control de calidad y sin pagar impuestos?

La historia no se equivoca, aunque un grupo de malos dominicanos que viven de la inmigración quieran justificar el desborde de haitianos que diariamente se cruzan a suelo dominicano de manera ilegal, muchas veces con el consentimiento de personas allegadas a los gobiernos, hay colegir que después de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, ciertos sectores de poder siempre se han congraciado con las tentativas antinacionales de los gobiernos haitianos.

Los haitianos quieren apoderarse de todo; sin embargo, lo dañan todo, teniendo principalía en la destrucción a mansalva de los recursos naturales, demostrado en esta oportunidad, con la masacre del río Masacre/Dajabón, recurso hídrico que establece su límite entre Haití y República Dominicana, desde finales del siglo XVIII, delimitado mediante un Tratado Fronterizo entre ambos países, firmado en 1929, donde para ese entonces aparecía la denominación del Massacre en francés, como el nombre del cuerpo de agua.

De acuerdo con sus límites demográficos, el Masacre no nace en Haití, por tanto los haitianos no tienen ningún derecho a hacer de este caudal de agua lo que viene en ganas, en esencia, dicho afluente solo separa las ciudades de Ouanaminthe y Dajabón (Plan Lea), división este-oeste de la isla que data de 1776, cuando el gobernador José Solano y el Conde de Annery decidieron fijar el referido río como frontera en la parte norte, y el río Pedernales, en la parte sur.

Ante los conflictos generados tras la iniciativa del cierre de la frontera el gobierno no puede dar su brazo a torcer mediante las presiones de la Organización de Naciones Unidas (ONU), La Corte Internacional de Derechos Humanos (CIDH) y otros sectores que promueven la inmigración haitiana y de antemano la tienen como un negocio.

A pesar del incumplimiento de las leyes migratorias y la violacion a un tratado que fue ratificado en 1777, hay que destacar que actualmente la división del río Masacre entre Haití y República Dominicana es de solo cinco kilómetros, desde las inmediaciones del puesto militar de La Bomba hasta cerca de la toma de agua del canal La Vigía, próximo a las edificaciones de Aduana en Dajabón.

Al inicio del 2013, los haitianos comenzaron a tocar “El Teclado de Guerra”, visto que la frontera vivió una de sus más tensas situaciones, cuando miles de nacionales de Haití presionaban para invadir nuestro territorio, desidia que provocó la más cruenta inestabilidad política y económica en el país, dejando como resultados que en pleno 2023 los haitianos nos han invadido pacíficamente, sustituyendo los derechos que constitucionalmente nos pertenecen.

El río Masacre-Dajabón tiene su nacimiento en Loma de Cabrera, en la montaña Pico de Gallo, desemboca en la Bahía de Manzanillo y pertenece a la cuenca hidrográfica del Atlántico con una longitud de 55 kilómetros lo que desdice mucho las pretensiones de los haitianos querer construir un canal en un territorio que no les pertenece.

Los haitianos tienen sus planes orquestados contra República Dominicana, por eso se están armando, comprando casas y ocupando el país pacíficamente para propiciar la guerra civil más cruenta de toda la historia y los dominicanos seremos los más afectados.  El río Masacre se pasa a pie, porque los haitianos se han encargado de depredar inmisericordemente su cauce.

“La razón es enemiga de la sinrazón”. El gobierno no debe, ni puede seguir permitiendo que Haití y sus nacionales sigan violentando los derechos de los dominicanos, razón por la cual la frontera debe seguir cerrada.

El autor es escritor y periodista

Reside en Estados Unidos

Septiembre 10, 2023

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