ARTÍCULOS: La Frontera y La Patria

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Por Luciano Filpo

Entre el 26 de enero (Día de Duarte) y el 27 de febrero (Día de la Independencia) se celebra el mes de la patria, periodo en el cual se conmemoran varias efemérides identitarias. El mes de la patria procura mantener en vilo la memoria histórica, el sacrificio de los héroes, mártires y heroínas. En este mismo contexto se ha observado como en el congreso se ha procurado escamotear con demagogia y falacias un conjunto de incentivos derivados de la ley 28-01, y que han perimido este 1 de febrero retro-próximo. La frontera domínico-haitiana tiene más de 300 km de extensión, formada por ríos, lagos, hitos fronterizos y la denominada tierra de nadie. Los habitantes de los pueblos fronterizos han padecido La indiferencia público-privada, la carencia de oportunidades, inequidad y otras falencias que condenan a los pobres como estableció Frantz Fanon, el gran escritor caribeño.

La cuestión fronteriza es un tema de siglos, la misma se empezó a configurar desde finales del siglo XVII. Tanto Juan Bosch como Eric William se refieren a la importancia del Caribe como zona de crispación y confrontación entre las metrópolis coloniales europeas. La división de la isla de Santo Domingo en dos Estados es una secuela de aquellas viejas luchas entre españoles y franceses por la hegemonía territorial en la zona colonial del Caribe. Diversos tratados procuraron dirimir la perenne cuestión fronteriza, primero entre las potencias coloniales Ryswick, 1697, Aranjuez 1777, luego entre las repúblicas de Haití y Dominicana 1874 y 1929. Estos acuerdos fueron creando linderos naturales y otros artificiales que permitieron dirimir reclamos y definir asuntos económicos, políticos y culturales.

  En 1929, bajo los gobiernos de Horacio Vásquez y Louis Borno, de Dominicana y Haití respectivamente, establecieron los puntos actuales de la frontera, los mismos se ratifican en 1936, entre Trujillo y Stenio Vincent. No obstante, dichos acuerdos, en 1937 se produce la matanza o genocidio de ciudadanos haitianos del lado dominicano. El tirano dominicano necesitaba un ritual de legitimación de la dominicanidad, había creado una retórica xenófoba qué establecía un antes y después de Trujillo, el padre de la patria nueva, el protector de la identidad.

El sátrapa hizo de la cuestión fronteriza un tema de identidad y una cuestión nacional. Entre 1938 y 39 se puso en marcha un programa de Dominicanizacion fronteriza, crear provincias, asentar comunidades étnicas extranjeras (españoles, japoneses, judíos) tenían el propósito de fortalecer el espacio limítrofe entre Haití y República Dominicana.

Estas colonias o comunidades no fueron duraderas, no basta con crear demarcaciones administrativas si las mismas no cuentan con los servicios e infraestructura que aporten los elementos necesarios para dignificar la vida de quienes viven en las zonas fronterizas. Históricamente las líneas fronterizas son testigos de tráfico humano, contrabando y todo tipo de trasiego. La frontera domínico-haitiana ha evidenciado una vulnerabilidad de la misma y la ausencia de controles reales tanto del lado haitiano como en el dominicano, quienes tienen a su cargo la protección fronteriza son quiénes negocian y facilitan el deterioro de la vida de quienes habitan en la zona fronteriza.

Las diferentes provincias fronterizas de República Dominicana, Montecristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia, Pedernales, Santiago Rodríguez son las más pobres, quienes tienen una mayor tendencia a observar el éxodo de sus habitantes. Todo se ha debido a las carencias de inversión pública y privada. Cuando un morador de la frontera tiene la oportunidad de salir hacia otros pueblos y encuentran trabajo decente, difícilmente retorna a su pequeña patria. La realidad existencial expulsa al habitante fronterizo, condena a esta parte de la patria a vivir expuesta a la migración continua de sus hijos.

El elemento de sobrevivencia entre los pueblos fronterizos se erigió el comercio binacional que se practica entre las diferentes comunidades de la región fronteriza. La Unión Europea ha ayudado a levantar infraestructura que humanice y dignifique el intercambio comercial que celebran los pueblos de Haití y República Dominicana que comparten la frontera. Esta colaboración se inscribió en el marco de asistencia antiguas colonias, fondos de Lomé IV. En el año 2001, se aprobó con una duración de veinte años, la ley 28-01, qué establecía un régimen de incentivos fronterizos que procuraba promover la inversión privada en condiciones favorables para quienes toman la iniciativa de invertir y emprender en la región fronteriza. Se agotó el periodo de la ley, desde hace un año los moradores han reclamando a los legisladores de la frontera y luego al congreso, extender en el tiempo el plazo para la continuidad de los mismos.

Diferentes empresarios objetaban tales incentivos, pero no tomaban la iniciativa de ir aprovecharlos. La cámara de diputados recurrió a falacias, sofismas y otras argucias para en contubernio con los intereses oscuros opuestos a la extensión de la ley barajaron su oportuna aprobación. Una vez más, el presidente de la República, debe aparecer como Chapulín Colorado y extender en el tiempo los incentivos que promueven la inversión en la frontera y a su vez contribuir a mejorar el empleo y la calidad de vida de los habitantes que viven en la frontera. La frontera es parte de la Patria, invertir allá es defender la dominicanidad.

El autor es Dr. en Educación.

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