Por Claudita Rita Abreu
El fomento de la desigualdad y la constante separación social nos aleja de un ideario colectivo sobre temas básicos del país deseado y sostenible.
Cuando se empezaron a desarrollarse las grandes urbanizaciones y los caminos cómodos para llegar a todos los rincones del planeta, y en nuestro caso, del país, el significado de la palabra “progreso” se nos volvió en gris como el concreto; algo que no aprendimos de quienes nos colonizaron, ya que, mal que bien, a pesar de ser mundial el problema medio ambiental, las ciudades europeas cuentan con jardines centenarios, parques y hermosos bulevares, estos últimos, se desarrollan en función a un equilibrio entre la amplitud de su parque vehicular, pero con arbolado, aceras para peatones y bellos jardines.
Hemos permitido que los árboles, esos mismos que nos cobijan con su sombra y nos limpian el aire que respiramos, muchos lo vean como “un problema”: que, si rompen las aceras, que, si tenemos que barrer sus hojas, etc. Ñoñerías por desconocimiento o situaciones que se desatan por no contar con la información o la existencia de alguna oficina mediadora entre conflictos de vecinos que no ameriten ir a un juez de paz, cuando estos no podan los árboles de sus patios causando filtraciones por entaponamiento del desagüe en los techos o cualquier otra situación.
Quien quiera seguir gobernando este país, debe de ofrecer un serio plan de movilidad, sombra, buenas aceras para las zonas metropolitanas del país. Ampliar avenidas mutilando zonas verdes y talar árboles para construir edificios o plazas, nos hace daño a todos y todas, pero lamentablemente, aunque el efecto negativo es común, no todas las personas afectadas cuentan con la capacidad de asimilar, comprender y sensibilizarse al respecto. Existen muchas especies de árboles cuya raíz no dañan las aceras, y existen muchas plazoletas y espacios en la ciudad donde debemos URGENTEMENTE sembrar más árboles. Por ejemplo, en la parte frontal del edificio de la Liga Municipal, deberían de sembrar un árbol frondoso, del mismo modo en la avenida Jiménez Moya, que deja de tener árboles en el centro desde que se cruza la avenida Independencia, y así, podremos encontrar muchísimos espacios donde compensar a esta ciudad de la constante depredación ambiental.
Tenemos que imaginarnos y soñar con un Distrito Nacional con pocos vehículos, donde podamos movernos a pies y ser libres, es preciso trabajar para alcanzar ese fin.
El primer obstáculo para movernos caminando hasta el lugar más cerca, es el miedo a que nos asalten o roben, sin embargo, ¿Qué se está haciendo para asegurar a la ciudadanía, aunque sea por zonas? ¿Por qué en Ciudad de México y en Bogotá se puede con mayor libertad que aquí? ¿Es que acaso no hay delincuencia en sus países? Tanto México como Colombia son y han sido países sumamente afectados por la violencia, secuestros y robos, sin embargo, han conseguido que en sus ciudades principales se pueda caminar y disfrutar de la vida urbana, porque sus autoridades han tomado medidas especiales, incluso identificado las zonas más peligrosas para advertir a las personas por donde debe pasar.
Otro gran problema es el calor, nadie quiere caminar para llegar sudado al trabajo, sobre todo por la falta de sombra, mientras que en la noche se refresca, pero hay falta de luz. ¿Qué nos impide dedicar un año o dos a arborizar esta ciudad masivamente? Algún día se debe de empezar. No menos importante son las condiciones de las aceras de nuestra ciudad, que dan pena, están llenas de obstáculos, tanques de basura, rampas de vehículos mal hechas, etc. que nos obliga a caminar en plena calle.
Ante todo este calor y complejidades, la única solución personal es un vehículo de motor, pero no es sostenible, no hay espacio y está generando estrés. Lo que indica que nuestra alternativa es trabajar arduamente en lograr que esta ciudad funcione sin la necesidad obligatoria de un carro o motocicleta.
Las ampliaciones de avenidas no es la solución, como tampoco es querer “pellizcar” con 11km al Jardín Botánico. El PRM es un ECOSIDA de la Ciudad de Santo Domingo, que al parecer no nos merecemos nada más que aquello que beneficie a un contratista. Sin embargo, también generaría dinero la construcción de tranvías, mejorar aceras, las jornadas de siembras de árboles y generar zonas de parqueos municipales. No existe estudio creíble de impacto ambiental que justifique tocar el Jardín Botánico, no hay solución individualista para este problema del tráfico que es colectivo.
Empecemos hoy a cambiar la conversación, y re-enfocarla con la siguiente pregunta ¿Cómo hacer del Distrito Nacional una ciudad más sostenible?