El Foro Mundial de Davos, que reúne en Suiza a jefes de Estado, líderes empresariales, políticos, académicos y de la sociedad civil, ha sido durante más de medio siglo faro que promueve diálogo y paz, cooperación, crecimiento, innovación y prosperidad, pero este año se reduce a una cita con la incertidumbre.
Lo que por 56 años funge como el más influyente encuentro dialogante entre norte y sur, iniciativa privada y gobiernos, academias y movimientos sociales, ha tenido en esta edición una experiencia traumática con el cambio brusco de su espíritu de concertación e innovación hacia un escenario de confrontación e imposición.
Las pretensiones del presidente Donald Trump de ocupar la isla de Groenlandia, perteneciente bajo un sistema de autonomía al Reino de Dinamarca, ha encontrado la resuelta oposición de Europa, situación que se refleja en el animo del Foro de Davos.
Trump amenazó con imponer nuevos aranceles a los países europeos que enviaron tropas para proteger la integridad de esa estratégica isla del Ártico, además de advertir que en cualquier escenario Estados Unidos ocuparía ese territorio.
En ese ambiente de incertidumbre y confrontación sería difícil que la reunión de Davos cumpla sus objetivos reflejados en el tema del cónclave: “Espíritu de Diálogo”, más aun si se alejan las posibilidades de un acuerdo de paz en Ucrania o la prolongación del cese al fuego en Gaza.






