Las políticas sobre la migración, aranceles e impuestos a favor de los más ricos, así como las amenazas lanzadas contra Groenlandia y Panamá, entre otras medidas anunciadas por Trump, no solo han convulsionado al “orden económico mundial”, sino que han provocado las movilizaciones y protestas que se vienen manifestando en varios de los Estados de la Unión, comenzando con Los Ángeles, California, y Nueva York, entre otros lugares de los EE. UU.
Las protestas han sido respondidas por Trump utilizando las fuerzas del Ejército y la Marina, además de los policías locales de los Estados, profundizando un panorama de violencia y de confusión a nivel de la institucionalidad democrática, lo cual ha levantado duras críticas de la clase política, que acusa al presidente de violar la Constitución y las leyes Federales y de los Estados, complicando cada vez más el clima político convulso en los EE. UU.
Como se sabe, Trump pretende revertir el proceso de globalización que intenta eliminar las distorsiones de un modelo económico que se ha traducido en un elevadísimo déficit fiscal, al tiempo de empobrecer a los EE. UU debilitándolo frente a sus grandes competidores, en especial de China.
Pero revertir la “globalización neoliberal” ha llevado a Trump a tomar esas medidas antiglobalización, que en primera fase están develando la gran crisis de la institucionalidad del Mercado, a la vez que se comienza a percibir, sobre todo por sus opositores demócratas, que las políticas de Trump podrían constituir una amenaza para la democracia americana.

De esa manera la crisis generada por la visión extrema del Mercado amenaza a la democracia, como consecuencia de la confusión creada por el modelo “neoliberal”, en el cual “el empresario quiere ser político y el político quiere ser empresario”, violándose así el principio que guiara a las sociedades modernas, de la “especialización y diversificación” de las funciones, donde el empresario maneja las Empresas y el político maneja el Estado. La sociedad “líquida” se ha encargado de fundir y confundir la separación de esos dos roles fundamentales, sobre los cuales se edifica el orden económico y social.
Esa nueva realidad hace relucir la dialéctica socioeconómica generadora de los conflictos que hoy está padeciendo la civilización humana, conflictos que apuntan a poner en riesgo no solo los sistemas sociales, sino la humanidad misma, por las guerras apocalípticas que esa visión dialéctica de la historia puede traer junto a los conflictos que les son propios.
¡Qué se entienda, pues, el peligro que corremos!