octubre16 , 2026
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    OPINIÓN: Juventud, empleo y desarrollo

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    La incorporación de los jóvenes al merca­do laboral en condiciones dignas constituye una de las tareas fundamentales para el desarrollo económico y social de la República Dominicana. Aunque la educa­ción y el crecimiento de las actividades produc­tivas han ampliado las posibilidades de inser­ción laboral, todavía es necesario fortalecer los mecanismos que permitan a las nuevas generaciones acceder a empleos de calidad y desarrollar plenamente sus capacidades.

    La formación técnica y profesional desempeña un papel determinante en este proceso. Sin embargo, no basta con ampliar la oferta ­educativa: es indispensable que los conoci­mientos adquiridos respondan a las necesidades actuales y futuras del aparato productivo. La distancia entre las competencias que deman­da el mercado laboral y las que poseen quienes buscan su primer empleo puede limitar las oportunidades de los jóvenes y dificultar, al mismo tiempo, la disponibilidad de personal cualificado para las empresas.

    En este contexto, resulta pertinente la visión de Bela Szabo, presidente de Zona Franca Las Américas, sobre las oportunidades que puede generar el sector productivo para la juventud dominicana. Su planteamiento invita a reconocer que las empresas no solo contribuyen al crecimiento económico mediante la producción y la inversión, sino que también pueden desempeñar una función decisiva en la formación laboral, la transferencia de conocimientos y el desarrollo profesional de las nuevas gene­raciones.

    Para avanzar en esa dirección, proponemos fortalecer una alianza entre el Estado, el sector empresarial y las instituciones académicas que permita diseñar programas de formación técni­ca vinculados con las necesidades reales de la economía. La actualización de los planes de ­estudio, las prácticas profesionales, la capaci­tación especializada y los mecanismos de acompañamiento para quienes buscan su primera oportunidad laboral pueden contribuir a facilitar la transición entre las aulas y el ­empleo formal.

    El acceso al trabajo digno representa mucho más que una fuente de ingresos. Favorece la autonomía personal, fortalece el sentido de ­responsabilidad, permite adquirir experiencia y abre caminos para la movilidad social. Cuando los jóvenes encuentran oportuni­dades para progresar mediante sus capacidades y esfuerzos, se fortalece también su integración a la sociedad y su confianza en el futuro. Por ello, las políticas de empleo juvenil deben acompañarse de condiciones laborales justas, posibilidades de capacitación continua y perspec­tivas reales de crecimiento.

    La responsabilidad es compartida, pero ­requiere compromisos concretos y sostenidos. El Estado debe promover políticas que faciliten la formación y la inserción laboral; las empresas, contribuir a crear empleos de calidad y ­espacios de aprendizaje; y las instituciones ­educativas, preparar a los estudiantes para un entorno productivo en constante transformación.

    Invertir en la juventud significa reconocerla como protagonista del presente y constructora del porvenir. Es necesario ampliar sus oportunidades educativas y laborales es una condición esencial para avanzar hacia una República Dominicana más competitiva, equitativa e ­inclusiva, en la que el talento de las nuevas generaciones encuentre caminos para convertirse en bienestar colectivo y progreso nacional.

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