Causaron profunda impresión en mí leer estas palabras del escritor Inglés John Donne colocadas por Ernest Hemingway en el pórtico de su magistral novela Por quién doblan las campanas. Cito:
La muerte de todo ser humano me disminuye porque soy parte de la Humanidad. Por eso no preguntes por quién doblan las campanas. Están doblando por ti.
El sensible y hermoso enunciado retornó a mi memoria ante el doloroso estremecimiento que sufrí al enterarme de la tragedia de la discoteca Jet Set.
Al pensar que sería muy difícil superar ese dolor, recordé un edificante relato de una de las obras del famoso predicador y escritor cristiano estadounidense Norman Vincent Peale.
Narró el caso de una persona que en una playa vio a una oruga convertirse en escasos segundos en una bella mariposa, y emprender el vuelo.
El autor de exitosas obras de auto ayuda expresó que la escena constituyó para aquel testigo una incontrovertible demostración de la existencia de la vida eterna.
Creo que, al igual que para mí, esa divina realidad debe convertirse en consuelo de los familiares, amigos y relacionados, de los caídos en ese trágico suceso.
Aunque, citando a John Donne, la nación dominicana y la humanidad han sido disminuidas por esas lamentables muertes.