septiembre5 , 2026
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    OPINIÓN: Combate al crimen ecológico

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    Rescatar, conservar y preservar los recur­sos naturales constituye un compro­miso patriótico y una tarea ­impostergable. Los bosques, ríos, montañas, parques nacionales y demás ecosistemas no son bienes ilimitados: representan un patrimonio común cuya protección resulta esencial para la seguridad alimentaria, la salud ambien­tal y el bienestar de la población.

    En esa dirección, el Gobierno dominicano ha definido un plan para enfrentar con mayor firmeza a quienes depredan los recursos natu­rales y destruyen áreas protegidas. Se trata de una iniciativa oportuna que requiere, sin embar­go, una ejecución rigurosa, permanente y eficaz. La defensa de la naturaleza no admite improvisaciones ni puede quedar sometida a la indiferencia o a la falta de consecuencias frente a quienes atentan contra ella.

    El presidente de la República, Luis Abinader Corona, ha sido categórico al referirse a quienes destruyen las reservas naturales y ha anunciado acciones contundentes, sustentadas en el nuevo Código Penal, para sancionar a quienes devastan los parques nacionales median­te incendios provocados, deforestación y otras prácticas criminales.

    Con ese propósito fue emitido el Decreto 615-26, mediante el cual se establecen meca­nis­mos orientados a la conservación y ­preservación de los recursos naturales. La dispo­sición contempla, además, severas conse­cuencias pena­les para quienes incurran en acciones que socaven los ecosistemas.

    La protección del patrimonio natural consti­tuye hoy una urgencia nacional. El dete­rioro ambiental amenaza fuentes de agua, ­suelos produc­tivos, biodiversidad y otros ­recursos indis­pensables para el desarrollo. Por ello, toda política pública dirigida a detener la degra­dación de los ecosistemas merece el respaldo de una sociedad consciente de que proteger la naturaleza es proteger su propio futuro.

    De los recursos naturales provienen las aguas destinadas al consumo humano, l­a irriga­ción de los campos y la generación de energía; los suelos que hacen posible la produc­ción de alimentos y una extraordinaria diversidad ­biológica que sostiene el equilibrio de los ecosis­temas. Destruirlos significa compro­meter condiciones esenciales para la vida.

    Frente a esta realidad, el país necesita combi­nar firmeza institucional con educación ambiental. Es imprescindible concienciar a la población mediante programas permanentes de orientación, fortalecer las instituciones ­responsables de la protección ambiental, aplicar rigu­rosamente las leyes y recuperar mediante reforestación las áreas afectadas por la tala, los incendios y la contaminación.

    La defensa de la naturaleza no puede ser ­responsabilidad exclusiva del Gobierno. Es un deber de todos y un compromiso con las ­presentes y futuras generaciones. Aprovechar los recursos naturales para impulsar el desarro­llo no significa depredarlos ni poner en riesgo su capacidad de regeneración.

    Combatir el crimen ecológico es, en defini­tiva, defender la vida. Proteger nuestros bosques, ríos, montañas y parques nacionales significa preservar el patrimonio natural de la República Dominicana y garantizar que las generaciones que nos sucedan puedan recibir un país ambientalmente saludable, con recursos suficientes para vivir y desarrollarse digna­mente.

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