Santo Domingo. –La ingeniera civil Francina Hungría, que, el 23 de noviembre del 2012, perdió la vista durante un asalto para robarla su vehículo, contó el calvario que vive y dijo que no quiere más encuentro en los tribunales con las personas que están presas por dispararle.
Explicó que todos los días debe enfrentarse a las secuelas físicas y emocionales que le dejó ese disparo en los ojos.
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«Vivo con estrés postraumático, tengo que medicarme para poder dormir», dijo.
Contó que, después del disparo, cada cuatro o cinco años tiene que hacerse un nueva cirugía, luego que le sacaran un ojo.
«Ocho veces me han operado este ojo porque a mí me lo sacaron y el implante que me pusieron, mi cuerpo no lo asimila y lo arroja para afuera«, indicó la también activista social, entre lágrimas.
«Tengo que andar todo el tiempo con un clínex porque tengo dos prótesis que mi cuerpo rechaza y por eso todo el tiempo tengo secreciones», precisó.
Manifestó que no puede salir de su casa, porque no se siente segura transitando por las calles.
Indicó que si sus padres le llaman dos veces consecutivas, piensa que algo les pasó, porque «vivo con la tragedia debajo del brazo«.
«Encima de lo que debo hacer a diario para, digamos, mantenerme animada, mantenerme trabajando, cada vez que a uno de los internos se les ocurre acudir a su derecho de revisión de la pena, entonces yo me veo obligada a volver a revivir toda esa pesadilla que yo he trabajado tanto por dejar atrás», dijo Hungría, en un comentario colgado en las redes sociales.
Agregó que «Hace un rato me llaman para decirme que Melvin Pérez, uno de los imputados en mi caso, tiene revisión de la pena mañana y que sería muy bueno que yo vaya a allá para dar mi opinión al juez sobre el deseo que él tiene de salir a trabajar o lo que sea».
«Yo me niego a volver a ser a ser testigo de este proceso. Quiero vivir en paz. No me hace falta revivir el 23 de noviembre de 2012 cada vez que a un interno le da por soñarse que quiere salir a trabajar», dijo.
«Mi interacción con los que hoy son internos por mi caso fue de 25 segundos ese 23 de noviembre, pero fueron los 25 segundos más largos y caros que he tenido que vivir en toda mi vida», señaló la profesional que duró cuatro años en audiencias en los tribunales, buscando la condena de sus atacantes.
«A cada rato me sueño que estoy en obra, que estoy haciendo mi trabajo, que hacía antes, que puedo ver a mi familia y no salgo a molestar a nadie», expresó sobre su vida después del disparo.






