ARTICULOS: La medicina tras el muro del monitor: Un ejercicio Deshumanizado

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Por Juan Ubaldo Sosa

“Pero no sé qué hay entre nosotros, Que me separa cada día más de ti…
Esa pared, Que no me deja verte. Debe caer, Por obras del amor.”

Los versos de Leonardo Favio, popularizados por la voz de Leo Dan, resuenan como un eco doloroso cuando pensamos en la práctica médica de hoy. Una pared —no de ladrillos, sino de cristal líquido— se ha erigido entre médicos y pacientes. Es la pantalla del computador, convertida en símbolo de distancia, en ícono del desarraigo humano en la
relación clínica.

Lo que antes era un encuentro humano, cargado de escucha, observación y contacto, se ha transformado en un trámite administrativo disfrazado de consulta.

El paciente habla, pero el médico teclea. Sus ojos no se encuentran. Se pierde la
mirada que descubre el matiz del cansancio, el brillo febril, la palidez
repentina o la tristeza reprimida. Se desdibuja la esencia de la semiología, aquella disciplina que enseñaba a leer el cuerpo como un libro abierto de signos y síntomas.

Hoy la medicina parece un banco: números, pantallas y transacciones. El médico es un operador de sistema, el paciente un cliente. La escucha defensa ante la deshumanización de quienes, llamados a sanar, parecen haber olvidado el juramento que los compromete con la vida.

La práctica médica, en esta deriva, se ha vuelto un infierno para muchos ciudadanos. Pero también una trampa para el propio médico, atrapado entre los dictados del mercado, la presión de las aseguradoras y la burocracia tecnológica.

En este laberinto, se pierde lo esencial: el encuentro humano. Es urgente que el muro caiga. Que los médicos hagan introspección y profunda ha sido sustituida por un cuestionario superficial, el examen físico por un catálogo de estudios de laboratorio y gabinete.

El razonamiento clínico cede su lugar a la factura electrónica. Y así, la nobleza
de la profesión se degrada en mero negocio. Incluso se delega lo indelegable:
algunos médicos confían a asistentes o secretarias la exploración inicial, reduciendo su propio rol a un dictamen apresurado y a la emisión de órdenes de
pruebas.

La consulta se convierte en un trámite rápido, que genera ingresos pero no respuestas. La persona enferma deja de ser sujeto de cuidado para convertirse
en objeto de explotación.

No sorprende, entonces, que la imagen social del médico se erosione. Cada día más demandas, más juicios, más reclamos inundan los tribunales.

La población, harta de este mercantilismo disfrazado de ciencia, busca en la ley lo que no recibe en el consultorio: justicia y dignidad. Y si bien estas demandas pueden parecer un acoso, no son más que un mecanismo de recuerden que su oficio es, ante todo, un acto de amor y compasión.

Que vuelvan a mirar a los ojos, a palpar, a escuchar, a oler incluso, porque en cada detalle habita la clave del diagnóstico verdadero.

Que recuperen el espíritu ético y el compromiso con la vida que da sentido a esta profesión. De lo contrario, la pared seguirá creciendo, y el abismo entre médico y paciente será cada vez más insondable.Y entonces, esos versos de Leo Dan dejarán de ser una metáfora paraconvertirse en epitafio: una medicina sin alma, un vínculo roto, un amor perdido.

Quien suscribe es doctor en medicina y abogado de los tribunales del país

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