Estado y gobierno deberían esforzarse por no fracasar en la tarea de afrontar la situación de caos, desorden y violencia que imponen conductores de motocicletas en calles, avenidas, autopistas y carreteras, como tuvo que admitirlo la ministra de Interior y Policía, al no lograr frenar el auge de los feminicidios.
Faride Raful, advirtió que las autoridades retendrán las motocicletas de conductores que violen la señal roja, conduzcan por las aceras, a contravía o sin los documentos de ley, además de realizar operativos para determinar si portan armas de fuego, una tarea ardua si se toma en cuenta que en el país circulan cerca de cuatro millones de motocicletas.
Trata el tema de los motociclistas y las violaciones a las leyes de tránsito en el país
La crisis en el tránsito se ha salido de control, especialmente por las hordas de motociclistas que imponen el terror en las vías públicas, con casos como el asesinato de un chofer de un camión recolector de desechos, en Santiago, y las heridas inferidas al conductor de un autobús de transporte estudiantil, en Santo Domingo Oeste.
Ese nivel de violencia se expresa en la temeridad al conducir ese tipo de vehículo como motoconcho, “delibery” o para transporte familiar, lo que ha sido causa principal de la muerte de cerca de dos mil motoristas al año por accidentes de tránsito y otros miles con fracturas o lesiones permanentes.
La Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digessett) cuenta con menos de cinco mil efectivos para enfrentar ese escenario de anarquía, un agente por cada tres mil 500 vehículos, lo que torna imposible controlar a casi cuatro millones de motociclistas.
No se augura mucho éxito a los encuentros del Ministerio de Interior con asociaciones de motoconchistas porque no se reconoce en ese sector algún liderazgo que pueda contribuir a modificar sustancialmente el comportamiento selvático que asumen esos conductores, la mayoría sin licencia de conducir.
Para mitigar ese caos se requiere una estricta aplicación de la ley contra conductores de motocicletas que no respeten señales de tránsito, conduzcan de manera temeraria o ejerzan violencia, asociado a un programa de educación y cívica y un aumento sustancial del número de agentes de tránsito.
A causa del desorden vial, provocado por millones de motociclistas que se adueñan de calles y avenidas, República Dominicana posee una de las tasas más elevadas en el mundo de muerte por accidentes de tránsito, agravado ahora por la irrupción de bandas que agreden a conductores, pasajeros y transeúntes. Ante tan grave situación, se impone aplicar ley y orden sin paños tibios.