agosto17 , 2026
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    ARTÍCULOS: Festival de improvisación

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    En afán por mitigar el congestionamiento del tránsito en zonas urbanas se propone o aplican montones de fórmulas la mayoría de las cuales fracasan en el intento o mueren en el tintero, sin que el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) haya podido articular alguna propuesta de solución integral que mitigue el problema.

    Sobre camiones y patanas se sugirió sin éxito que transiten por las avenidas de circunvalación para que no ingresen a los cascos urbanos en rutas hacia puertos, aeropuertos o zonas de carga, y que se excluyera de sus rutas las avenidas George Washington e Independencia. Ahora se solicita que circulen de noche.

    Se discute también reeditar los carriles exclusivos para autobuses públicos, al menos en las principales avenidas, como forma de liberarlos de los taponamientos, pero el desorden vial es de tal magnitud que hasta los corredores para bicicletas fracasaron.

    Cada año ingresan al transporte más de 15 mil vehículos nuevos como resultado de las ferias automovilísticas que promueven bancos, concesionarios y “dealers”, sin que ningún vehículo salga de circulación por antigüedad o desperfectos.

    Lo mismo ocurre con los más de cuatro millones de motocicletas que circulan en el país, en torno a las cuales literalmente las autoridades sugieren cada día alguna fórmula de control que oscila entre lo estrambótico y lo ridículo, ninguna de las cuales sugiere limitar las importaciones de esos aparatos.

    Aun cuando se apliquen medidas de mitigación, el ordenamiento del tránsito vehicular requerirá de una estrategia de largo plazo que involucre un amplio consenso entre los actores del sistema, incluidos los otroras “dueños del país”, algunos de los cuales ocupan posiciones de liderazgo en el Congreso y en el empresariado.

    El Gobierno debería abrevar en el éxito de países como Taiwán cuya solución abordó de manera conjunta la ampliación del Metro, con buses alimentadores, integrados en una sola tarjeta de acceso, corredores exclusivos, cadenas de estacionamientos, semáforos inteligentes, controlar la velocidad en calles interiores y liberar las aceras.

    El milagro de Taiwán en la reorganización del tránsito tardó 30 años, hasta el día que sus autoridades se convencieron de que la receta no consiste en desmontar a la gente de sus carros, sino de garantizar un sistema de transporte público, eficiente, seguro, decente, preciso y barato, además de aplicar la ley con toda firmeza.

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