Esa triste realidad tiene como protagonistas negativos del libertinaje a cualquier persona, sin importar formación ni ética, investida de “comunicador” con “licencia” para matar reputaciones, difamar e injuriar, maltratar el idioma y propalar toda suerte de mensajes mentirosos para lograr “me gusta”, impactar en plataformas digitales y “vivir de eso” al monetizar contenidos escandalosos.