septiembre16 , 2026
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    ARTICULOS: Morbo y revictimización

    Sobre el caso de Villa González, compartimos la indignación ante la falta de respeto de los que buscan de “views” y terminan por revictimizar

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    El caso de los seis hombres imputados por una violación grupal a una joven en Villa González, Santiago, vuelve a colocar en primer plano la necesidad de frenar y de ser implacables en el rechazo a los ignorantes y desaprensivos que comparten imágenes que lesionan el honor y revictimizan a la persona agredida.

    Ante esta violación sexual en grupo contra una mujer de 21 años, grabar el hecho y difundirlo por distintas plataformas, hace pensar que el morbo y la exhibición de escenas grotescas sirve a algunos para solazarse en desgracias que por su gravedad merecen la más absoluta condena.

    Los “comunicadores”,“influencers”, “youtubers” o simples usuarios de redes sociales que se han prestado para la difusión de esas imágenes, lo hacen a sabiendas, porque nunca hay consecuencias, de que transgreden principios éticos y morales, y normas legales establecidas.

    Respaldamos el llamado de la procuradora general a que se elimine de cualquier plataforma el vídeo y la foto de la joven, y también su solicitud al tribunal para que autorice al Departamento de Informática del Instituto Nacional de Ciencias Forenses y al Departamento de Investigación de Crímenes y Delitos de Alta Tecnología de la Policía, a identificar el IP y origen de la primera difusión de estos audiovisuales, así como analizar el usuario de internet.

    Este abominable abuso contra la dignidad humana merece el rechazo unánime de la sociedad.

    Compartimos la indignación ante esta falta de respeto en busca de “views” que terminan por revictimizar no solo a la joven violada, sino también a su familia, amigos y personas cercanas.

    El interés de una parte de la sociedad por imágenes de esa naturaleza acaso sea una costumbre tan vieja como la humanidad misma, lo que no significa que la comunidad organizada en la que vivimos lo tenga que aceptar.

    La libertad de expresión, que nuestra Carta Magna garantiza, no puede avalar ni mucho menos tolerar este tipo de publicaciones, pero también es imperativo que la sociedad se esfuerce por un cambio de esa cultura del morbo y del malsano interés por la desgracia y el dolor de los demás.

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