OPINIÓN: Abinader ante la ONU

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El Presidente Abinader aprovechó su discurso ante la ONU para resaltar la agenda de su gobierno, la cual ha asumido como objetivo el enfrentamiento de la pandemia y la crisis que ha significado, vacunando a la población y controlando el coronavirus, hasta ahora con buenos resultados, pero a la vez vinculando esa acción a la necesidad de recuperar la economía, la cual exhibe niveles de crecimiento más elevados que antes de la pandemia, sobre todo, en los renglones más dinámicos como son el turismo, la construcción y el sistema financiero, entre otros.

Al destacar esos resultados, Abinader puso énfasis en la necesidad de que la Comunidad Internacional en especial las Naciones Unidas, auspicien un proceso de transformación de la economía global, al tiempo de proponer que los países de ingresos medios y bajos afectados por la pandemia, tengan mayor acceso a los recursos destinados por el FMI, unos 650 mil millones de dólares, dirigidos a for­talecer la liquidez mundial. Cierto, la equidad y la solidaridad tienen que primar en el gobierno global.

De acuerdo con la forma de asignar esos recursos, los países más desarrollados y ricos capturarán la mayor parte de los mismos, mientras los países más pobres recibirán una menor proporción, justamente cuando son los que más lo necesitan. Eso es un contrasentido y un despropósito.

Especial énfasis puso el presidente a la grave situación de ingobernabilidad que reina en Haití. En ese sentido reafirmó ante el concierto de las naciones que “no hay solución dominicana al problema haitiano”, al tiempo de elevar su voz en defensa del vecino país, el cual requiere de la solidaridad y cooperación de la Comunidad Internacional.

Es esa Comunidad Internacional la que debe asumir el caso haitiano llevándole no solo la ayuda humanitaria necesaria, sino que más que eso, un plan de desa­rrollo que se inicie por la rehabilitación de la gobernabilidad y el orden interno, así como el inicio de un programa de inversiones para su recuperación eco­nómica y ambiental. Y después la ce­lebración de elecciones para establecer un gobierno democrático estable.

Reiteró que la República Dominicana mantendrá su disposición a la solidaridad con Haití, tal como lo viene haciendo, pero es el momento de que la Comunidad Internacional asuma, con la misma solidaridad y cooperación, la respon­sabilidad de la recuperación de Haití.

La presentación del presidente ante la ONU, fue valiente, coherente y muy bien articulada, basada en la racionalidad que debe primar en un estadista de convicción universal, transparente y correcta que favorece la democracia y sus instituciones como vías del progreso y prosperidad de las naciones.

Los dominicanos deben sentirse orgu­llosos de su presidente.

 

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