OPINÓN: ¿Dónde está el cambio?

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Para muchos dominicanos el cambio es una expectativa que sigue la máxima de “quítate tú para ponerme yo”, es decir, cambiar es alternar a uno por otro, sin que ello implique modificar el esquema básico de gobernar: “cambiar para seguir igual”.

Sin embargo, si se analiza con cierta perspicacia al grupo que hoy nos gobierna en comparación con quienes nos gobernaron antes del cambio, podremos darnos cuentas de ciertas y profundas diferencias sociológicamente muy significativas.

El grupo gobernante anterior en su mayoría provenía de los estratos sociales marginados, con cierta formación profesionista y sobre todo con una formación ideológica y política forjada en las categorías del marxismo vulgar, cuya teoría del Estado veía a éste como una “superestructura jurídica-política” cuyos órganos responden a los intereses de la clase dominante”.

Ese origen del anterior grupo gobernante, le impuso como objetivo la aspiración de la movilidad social. Y para ello asumieron la doctrina neoliberal, pasando a flexibilizar la ética capitalista convirtiendo la política como negocio y debilitando los límites de la licitud, promoviendo la fase ampliada de la corrupción, mediante la cual se apropiaron de los recursos públicos y del control de todos los órganos del Estado, para garantizar su impunidad.

Asociada a esa lógica de la dominación, la nueva clase política, desde el control del Estado, exhibió actitudes y procedimientos de persecución y represión económica y psicológica, que se asemejaban a los aplicados por los gobiernos autoritarios, contraviniendo la democracia.

Esa situación, junto a los procedimientos de la corrupción legitimada, así como a políticas internacionales contrarias a los intereses hegemónicos del Imperio, fueron socavando los fundamentos de su dominio hasta provocar al interior del propio partido de gobierno la dialéctica del conflicto, que finalmente lo dividió determinando su derrota electoral y la salida del poder.

El nuevo movimiento democrático, encabezado por el partido heredero del perredeísmo histórico, ha sido el responsable de sustituir a la anterior clase gobernante peledeísta, teniendo la oportunidad de convertirse en la nueva clase gobernante, la que se diferencia de la desplazada por las siguientes características: Primero, su vanguardia no proviene de la marginalidad, sino que en su mayoría proviene de sectores empresariales de nivel medio, así como por profesionales que se han desarrollado en la institucionalidad privada de naturaleza independiente.

Segundo, la nueva clase por consolidarse manifiesta un espíritu capitalista democrático que parte de una concepción del Estado basado en la teoría capitalista de la democracia: Separación de los poderes; y alternabilidad en el poder, dos principios centrales de la idea democrática que favorece la conformación de los órganos del Estado con representantes independientes que comulgan con la ideología democrática.

Esa mentalidad ha condicionado al presidente Abinader para aplicar desde el Ejecutivo la nueva doctrina que favorece a los “independientes” de la Sociedad Civil en la conformación de los poderes del Estado, como garantes, además, de una nueva moral basada en la honestidad, la profesionalidad y la capacidad, que habrá de recuperar la función pública como servicio y promotora del desarrollo y la institucionalidad democrática.

¡Ahí radica en potencia el “gran cambio”!

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