OPINIÓN: Situaciones intranquilizantes

0
93

El Gobierno del “cambio” aspira no solo impulsar un desarrollo equilibrado y equitativo de la nación, sino también a fortalecer la institucionalidad del Estado democrático. Sin embargo, esos ejes de acción  mediante los cuales se ha de materializar el “cambio”, se enfrentan a serias barreras que provienen o del contexto internacional o de la cultura política tradicional que ha impuesto el “Estado patrimonialista” asociado al caudillismo.

Frente a esa disyuntiva mucha gente sigue apegada a la tradición caudillista y patrimonialista, tradición bajo la cual los políticos entienden que acceder a una posición pública es la oportunidad para favorecerse y favorecer a los suyos. Se hace política exclusivamente para “repartirse” el Estado y los recursos públicos.

Esa concepción opaca la política como una actividad  para  servir a la nación,  manejando los recursos del Estado, institucionales y económicos, para promover el desarrollo y el progreso de los pueblos, así como el bienestar de todos los ciudadanos de acuerdo al Bien Común.

Ejemplo reciente de esas distorsiones la ofrece  la Superintendente de Seguros, quien sin ningún recato ha hecho público que en su gestión  ha “desvinculado” a unos trescientos empleados y en su lugar ha colocado a los compañeros de partido, haciendo que la nómina ascienda de unos 22 millones de pesos a unos 26 millones. Es un ejemplo de la concepción patrimonialista del Estado que configura la mentalidad del atraso, muy distante de la pro­puesta hecha por el “cambio”, a no ser que entendamos que el “cambio” es “quítate tú para ponerme yo”.

Otro ejemplo que trae la prensa en ese mismo sentido, es el relativo a la sustitución por su esposo de la diputada electa por la Provincia de Valverde y que falleciera por Covid-19 antes de ser juramentada.  Los voceros de la corrupción justifican esa práctica política atrasada y contraria a la institucionalidad democrática, arguyendo que el esposo de la fallecida se sacrificó invirtiendo tiempo y recursos en la candidatura, por lo que es un acto de justicia entregarle la diputación, razonamiento que confirma la cultura de la política como una oportunidad para “buscársela” a través del Estado, obviando todo el armazón conceptual que implica la institucionalidad democrática en el marco de la civilidad.

Derivado de esa concepción atrasada de la política, el Gobierno enfrenta otra problemática con su partido, cuya militancia se cree poseedora y merecedora de la oportunidad para la que trabajó.

Se ha legitimado en las bases de los partidos ese concepto de que se hace política para explorar oportunidades para “hacerse”. Por eso la presión sobre los “compañeros” funcionarios y sobre el Presidente, presión que se convierte en una seria molestia, que tiende a distraer y a veces desorientar a los gobernantes.

Pero el problema más delicado que intranquiliza a la población y al gobierno es la escalada en los precios de los productos de la canasta familiar y en otros rubros de la economía. El Presidente y sus funcionarios han “explicado” que se trata de un problema internacional. Pero la explicación no basta, es necesario que el Gobierno defina medidas para enfrentar un problema que puede desestabilizar el clima de “paz social y armonía productiva”.

¡Cuidado, pues, con esos factores intranquilizantes y que se planteen soluciones!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí