Opinión: Penosa perspectiva moral

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La República Dominicana transita por una fase crucial que en materia moral, ética y judicial luce difícil por el nivel de deterioro y de desca­labro institucional en que ha caído la nación.

La expectativa de un cambio que enrumbe al país por los senderos del desarrollo y de la institucionalidad democrática, en ciertos momentos parece un ideal inalcanzable, cayéndose en un estado frustratorio que desanima a los que sueñan con un país organizado de acuerdo a los ideales éticos y de una justicia garante de la moral ciudadana.

La corrupción y la impunidad parecen a veces que le ganarán la batalla a los ideales de un país civilizado y organizado con orden, justicia y equidad, donde sea natural el respeto a los derechos humanos y al estado de derecho. Por el contrario los violadores de la ley y de la moral parecen imponerse me­diante la brutalidad, la arbitrariedad y los retorcimientos procesales, como consecuencia de la vigencia en la política de la mística del autoritarismo tradicional.

La decisión judicial de eli­minar las pruebas que demuestran la culpabilidad de los pocos imputados en el caso de la Odebrecht, aunque sea de derecho, contraría el sentido de la justicia y de la buena ética, disciplina esta última cuya verdad se asocia con las normas y principios de lo bueno, es decir, con lo que es bueno para la sociedad y la humanidad. Nunca podrá ser bueno el triunfo de la corrupción porque va en contra del Bien Común de todos.

El caso de la corrupción de la Odebrecht y de otras multinacionales de Brasil, no solo fue un caso de corrupción internacional comprobada y juzgada, sino que fue la propia empresa que se declaró culpable por haber pagado sobornos, sobrevaluando los proyectos y financiado a los políticos en sus campañas electorales para garantizar la adjudicación de obras de los gobiernos apoyados por esas multinacionales.

Sin embargo, tal como se ha montado el proceso judicial en el caso de la Odebrecht en  nuestro país, luce que aquí se comprobará que la corrupción de esas multinacionales bra­sileñas, fue un “invento” dentro de una conspiración internacional para desmantelar la red del “socialismo del siglo XXI” que se expandiera en América Latina bajo el liderazgo de Lula y Chávez.

La absolución de la confesa corrupción de la Odebrecht, será la más pesada  vergüenza internacional que marcará la imagen de los dominicanos frente al concierto de las naciones, lo que será también la más contundente comprobación de cómo un país se puede degenerar institucional y moralmente, cuando las clases sociales emergentes ascienden al poder político e instalan una maquinaria para la apropiación privada de los recursos públicos, al tiempo de controlar para sí todos los poderes del Estado y así garantizarse toda la impunidad, despojando a la política de todo mística ética.

¡Por Dios evitemos ese pobre y penoso balance!

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