OPINIÓN: ¡Paren eso, pero ya!

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El asesinato (sí, ¡asesinato!) perpetrado reciente en Villa Altagracia por una patrulla de la Policía que acribilló a balazos a una pareja de esposos que retornaban en su vehículo a su hogar en Santo Domingo después de participar en un culto religioso, ha puesto de rodillas a una sociedad que hoy se ahoga en llanto, rabia e indignación.

Con ese horrendo homicidio, la Policía se desnuda de cuerpo entero y muestra su podredumbre convertida ya en cáncer social que debe ser extirpado cuanto antes para impedir que continúe en el rol de máquina de producir crímenes extrajudiciales.

Los integrantes de esa patrulla dispararon a mansalva contra el vehículo en el que viajaban Joel Díaz y Elizabeth Muñoz Marte (Elisa), una pareja de recién casados, que alegan lo confundieron con otro que transportaba a supuestos delincuentes, a los que obviamente también tenían en mente asesinar.

Los familiares de Elisa, de 32 años, que junto a su esposo preparaba el hogar donde residirían en Santo Domingo, dicen que el cuerpo de la mujer presenta más de 18 impactos de bala, como si los homicidas confundieran su sonrisa con la de un arma de grueso calibre.

El presidente Luis Abinader ha expresado indignación, rabia y tristeza por tan infausto suceso y dispuesto la cancelación de los agentes involucrados en la tragedia y su inmediato sometimiento a la justicia, además de advertir que el Gobierno no tolerará que la Policía asesine y abuse de la población.

Desde hace muchos años, la sociedad dominicana, instituciones nacionales e internacionales que promueven derechos humanos reclaman que la Policía sea sometida a una profunda reforma a los fines de que delincuentes no persigan delincuentes.

El alma de la nación ha sido taladrada por la noticia del asesinato de una pareja de esposos, acribillados por delincuentes uniformados que aguardaban por un vehículo similar para consumar un crimen extrajudicial que recayó sobre vidas jóvenes y sanas, ejecutadas -hay que decirlo- por una banda armada.

Este es el momento propicio para limpiar con cloro y creolina el maloliente cuerpo policial, con el propósito de liberarlo de lacras y asesinos que deshonran ese uniforme, que son capaces de asesinar a ciudadanos indefensos como el crimen perpetrado contra Joel y Elisa. ¡Basta ya!

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