OPINIÓN: Ética y transparencia después de las elecciones

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Por Marino Baez

En resumidas cuentas, elegir el presidente para redirigir el Estado es un emblema que sirve para regularizar el espectro y las guarniciones que en esencia fueron el significado de la derrota premeditada del país en el interior de su economía, atrofiada por la corrupción, el libertinaje de las Leyes; y en esencia, el oportunismo desmedido en la administración de los poderes.

Para lograr buenos resultados en la política y en la gestión pública se requiere contar con gobernantes y funcionarios que hayan interiorizado los valores y posean una conducta íntegra, pues son estos servidores públicos quienes marcan las directrices y operan las instituciones públicas.

 Los primeros nombramientos de funcionarios, entre ellos, Milagros Ortiz Bosch, con una trayectoria política que supera las lides de muchos ministros, es un ejemplo de que hay visos de mejoría en el país, aunque no podemos adelantarnos a los acontecimientos sin antes observar el réquiem del ejercicio a partir del 16 de agosto cuando el nuevo ejecutivo de la nación reciba la banda presidencial y con ella comience a redirigir el Estado.

Después de las elecciones puesta en marcha el pasado cinco (5) de julio, las cuales surtieron efectos devastadores contra el partido gobernante (PLD) y su candidato, solo nos queda esperar…el compromiso del presidente electo, Luis Abinader y sus adláteres para sacar el país del letargo que lo socava requiere de estrategias incólume para que la economía pueda superar la crisis sin dejar de tomar en cuenta otros problemas que afectan al país, como la delincuencia y el despilfarro desmesurado de los recursos públicos.

La sinrazón inmoral de ministros y funcionarios debe ausentarse del entorno presidencial del nuevo gobierno como respuesta a la caterva de reclamos que se gestaron en el país durante los veinte (20) años de gestión peledeista donde se puso en boga el rechazo a la corrupción, lo que merece una respuesta contundente a las actuales autoridades tras culminar el mandato el próximo 16 de agosto, no solo aplicándole las leyes correctamente y sin intereses mediáticos, sino obligándole a devolver el dinero que le robaron al Estado dominicano.

Los antiguos griegos, que gustaban de practicar la filosofía, ante la pregunta: ¿Qué es mejor, el gobierno de los hombres o el de las leyes? Respondían: “cuando las leyes son buenas benefician a la comunidad política siempre que los hombres las respeten y las apliquen, pero ante la evidencia de que éstas no se respetaban, la respuesta era contar con hombres buenos, ya que éstos además de actuar correctamente en cada uno de sus actos, respetaban la ley”. En esta cultura, los individuos con un gran reconocimiento y decoro eran considerados “Hombres Ley”.

Vista las Leyes mediante este enfoque gregoriano, República Dominicana necesita de transparencia y para poder lograrla también requiere de un “Presidente Ley”, que no le temas a las críticas de sus opositores y responda contra los corruptos sin atajos políticos permitiendo que el Ministerio Público se maneje con independencia ante quienes timaron con entrega las interioridades del Estado. 

La ética debe tener carácter de entrega, por lo que, al ser las instituciones de carácter público, es importante contar con personal formado en ética, herramienta poderosa que forma la conciencia de los hombres y desarrolla plenamente su capacidad de juicio. La importancia de poner atención en la conducta de los hombres públicos la resalta Douglas North 1993, cuando dijo: “Las instituciones son una creación humana, evolucionan y son alteradas por humanos. Por consiguiente, se deberá empezar por el individuo”.

Los dominicanos exigían con insistencia un cambio para superar la crisis, rescatar la democracia, incrementar los servicios públicos y garantizar la estabilidad del país. El esfuerzo valió la pena…ahora solo nos queda esperar los resultados de las ejecutorias del nuevo gobierno, esperanzados que esos cambios serán beneficiosos para la nación. Para lograr las metas trazadas en la campaña, no hay la menor duda, el Estado debe ser administrado con ética, transparencia y; sobre todo, solidaridad.

La razón por la que la ética es un instrumento necesario radica en que ésta se orienta al estudio de las acciones humanas, por lo cual las explicaciones a las distintas conductas giran en torno a esta disciplina. Los cambios en las actitudes de gobernantes y servidores públicos hacia una mejora en la calidad de los servicios e instituciones no se pueden forzar desde fuera, deben surgir de ellos mismos, proceden del “despertar” como dijera Aristóteles, o del “salir de la caverna” según afirmara Platón, provienen “de un verdadero cambio del corazón” como dice Caiden. 

No creo que salga tan costoso a un presidente ser transparente y con rectitud exigirles a los miembros de su administración que sean integro en el manejo de la cosa pública…No lo creo…lo mínimo que se pretende alcanzando un espíritu ético en quienes ocupan cargos públicos es la adquisición de la responsabilidad para así obtener resultados más efectivos.

El autor es Escritor, Periodista y Líder de Opinión

Reside en Estados Unidos

Julio 13, 2020   

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