OPINIÓN: El miedo y el 30 de mayo

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Este próximo domingo Día de las Madres coincide con la fecha histórica que le puso fin a la vida del tirano Trujillo, quien gobernara por 31 años  a la República Dominicana basado en el terror y el miedo.

La estabilidad política y el orden institucional se forjaron en esa Era, supri­miendo la libertad ciudadana y los derechos humanos. La Ley y la autoridad fueron suplantadas y sustituidas por el dominio personal del “Jefe”, Ley, Batuta y Constitución, y cuyo poder personal se fundió  y confundió con el Estado-persona encarnado por el Dictador y que se materializaba a través de un cuerpo represivo de alcance nacional, urbano y rural, del cual dependía la vida de la gente.

Esa fuerza represiva y criminal se encargó de llenar el clima nacional de miedo, temor y espanto, frente a los crímenes y torturas llevados a cabo por los cuerpos de la represión del régimen. Las grandes víctimas del orden represivo de Trujillo fueron la “verdad y la vida”. La verdad consistía en glorificar el gran poder del “Jefe”, para de esa manera salvar o asegurar el derecho a la vida.

Siendo Trujillo el Estado y la Ley, esa condición le permitió no solo apropiarse del control absoluto del aparato estatal, sino también de las actividades económicas y de las empresas que él mismo fue formando con la colaboración de sus aliados más íntimos y confia­bles. De esa manera Trujillo, sus aliados y burócratas llegaron a conformar la clase dominante de la Era, la cual en gran medida tendía a excluir a la iniciativa privada, por efecto de la ley del monopolio propia de toda economía capitalista.

Esa lógica económica y represiva del régimen de Trujillo, también fue la causa de su autodestrucción, la cual se iniciara con su ajusticiamiento ocurrido el 30 de mayo del 1961, hecho en el que participaron los “Héroes del 30 de Mayo”, responsables y autores de su ajusticiamiento y con lo cual el país inició su proceso de construcción de la institucionalidad democrática.

Construir la democracia dominicana todavía exige exterminar los vestigios autoritarios que aún gravitan en la mente política de muchos dominicanos, que prefieren el orden por la fuerza y el crimen y no como un ejercicio de la libertad dentro de un Estado organizado, fundamentado en las leyes como expresión de la racio­nalidad y voluntad colectiva de la nación y no de la voluntad arbitraria y personal de un caudillo dictatorial.

¡Loor, pues, a los Héroes del 30 de Mayo! 

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