OPINIÓN: El Covid-19 una tragedia sanitaria

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Esta es la hora y el día cuando la mayoría de los dominicanos parece no entender o aquilatar la magnitud de la tragedia sanitaria, económica y social que representa la pandemia de la covid-19 para el mundo y, obviamente, para República Dominicana.

A la gente no le llama la atención que en menos de una semana se reporten más de cien fallecimientos a causa del coronavirus y que se bordeen los dos mil contagios diarios, además del preocupante aumento en hospitalización y ocupación de camas de cuidados intensivos.

Prevalece la idea de que la disminución del confinamiento ha sido invitación a rumba y fiesta y no un obligado retorno a la reactivación de una atribulada economía. Parte de la población es indiferente a ruegos de usar mascarillas, evitar aglomeraciones y lavarse las manos con agua y jabón.

A causa del preocupante rebrote de la pandemia, República Dominicana ha sido incluida entre los destinos que Francia y Canadá y prohíben viajar a sus ciudadanos, lo que significa un golpe demoledor a los esfuerzos por relanzar al turismo nacional.

El presidente Joe Biden dispuso que todo pasajero que ingrese a territorio estadounidense deberá presentar el resultado de una prueba negativa a la covid-19, lo que sin dudas disminuiría el caudal de visitas desde Estados Unidos.

Al liderazgo político, con ligeras excepciones, no parece interesarle para nada el drama que padece la nación como consecuencia de una pandemia inédita que ha provocado el colapso de la economía mundial y retornado la de América Latina a 120 años atrás.

Solo uno de los partidos principales ha acogido y socializado la propuesta del presidente Luis Abinader de promover un acuerdo político nacional para afrontar el coronavirus y relanzar la economía, clara señal de que persiste el criterio de que al Poder se llega o se retorna sobre las cenizas de la nación.

Es este el momento de la gran inflexión histórica para que Gobierno, partidos, empresariado, academia, sindicatos y población aúnen esfuerzo en halar la cuerda en una sola dirección, que sería la de contener la covid-19 e impedir que la economía y la gobernanza sucumban en la vorágine de un rebrote pandémico. La indiferencia es una vergüenza.

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