OPINIÓN: Decisión acertada

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En su breve alocución a la nación este pasado domingo, el presidente volvió a confirmar sus profundas convicciones democráticas al exhibir tolerancia y receptividad frente a los reclamos nacionales expresados por amplios sectores de la ciudadanía, respecto al Fideicomiso Punta Catalina.

Ante la reacción razonable de sectores sobre todo de la Sociedad Civil y de la prensa, cuestionando el arti­culado del contrato que podría abrir espacio para la privatización y hasta para la apropiación privada de ese importante patrimonio público, el presidente, demostrando que pone sus oídos en el alma del pueblo, solicitó al Senado posponer el conocimiento de la propuesta, ya aprobada por los diputados, para dar paso a un debate en el seno del CES y del propio Senado, para que el contrato sea el fruto del consenso, previo a su conocimiento y aprobación en el Senado.

De esa manera este instrumento de alianza público-privada deberá pasar por el cedazo de la discusión democrática, hasta llegar a un mayor entendimiento y concepción del contrato, de modo que dicho instrumento no solo asegure la eficiencia y más efectiva administración de ese bien público, sino que garantice explícitamente en su articulado, que el mismo no será transferido al sector privado utilizando subterfugios legales implícitos y no transparentes.

Ese camino, además, constituye un ejercicio donde se fortalece la institucionalidad democrática, al tiempo de consolidar el nuevo paradigma de presidente que Abinader está trazando en su ejercicio presidencial, más cónsono con la racionalidad, la honestidad, la transparencia y el mayor respeto al marco normativo de la democracia.

Punta Catalina es una importante obra que bien manejada aliviaría el problema energético nacional. Pero no se debe olvidar que es una obra muy cuestionada por su origen asocia­do a una empresa multinacional que, como la Odebrecht, impuso en el país y en otros tantos países, la fórmula de la corrupción que ha dañado y desacreditado el movimiento latinoame­ricano por el “socialismo del siglo XXI” neoliberalizando la causa por los pobres.

Hay, pues, que limpiar de dudas y sospechas el instrumento del Fidei­comiso Público Punta Catalina, donde la iniciativa pública pueda convivir con la privada en beneficio de la nación.

¡La decisión de Abinader asegura ese camino!

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