ARTICULOS: Bonao pierde a uno de sus hijos más notables

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Por Fabio Herrera Miniño

Pedro Eusebio Romero y Confesor entregó su alma al Dios que amaba

Fue sepultado en el cementerio municipal de la calle Padre Billini donde un batallón de las Fuerzas Armadas le rindieron honores

El pasado lunes 16 pasará a la historia local de Bonao como uno de esos días cargados de pena al ocurrir la desaparición física de uno de sus hijos mas notables de los pasados 75 años.

Pedro Eusebio Romero y Confesor entregó su alma al Dios que  amaba y lo tenía en primer lugar en su vida.

Fue  después de una enfermedad que le fue mermando sus fuerzas y anulando sus actividades.

Solo conservaba el ánimo que nunca lo perdió de compartir con sus amigos de toda una vida en especial con su grupo de Bonao con los cuales mantuvo un estrecho lazo de amistad que llegaban a tratarse como hermanos.

Ya fuera en su residencia de la Capital o en Bonao, y aun cuando ocupara altas posiciones en el Gobierno del doctor Balaguer, nunca dejó  de acudir cada viernes a su pueblo natal como un ritual sagrado de no romper con los lazos de toda una vida que lo unían con su comunidad  que tanto amaba.

Y es que ese ambiente que envuelve al valle de Bonao rodeado por las altas montañas de la Cordillera Central y de las lomas que en la parte oriental encierra una gran riqueza mineral que es aprovechada por la Falconbridge le imparte a la naturaleza un matiz especial, especialmente a principios de cada año con las flores de las amapolas que con su hermoso tono de naranja y la alfombra verde  del arroz sembrado en el valle de Juma le da una vida que siempre comentaba con  Romero y otros amigos  cuando manteníamos largas conversaciones en especial de temas históricos, cultura general o de nuestras familias.

Gracias a trabajar en la Falconbridge desde 1969 conocí a Romero y otros dirigentes de la comunidad tales como Bolívar Abreu, Críspulo Genao, Jon Leeth, Marino López, Diógenes Peña (Pipe), René Inoa, Plinio Frías, Floirán Genao (Papi), Gilberto de la Rosa, Víctor Jiménez,  Víctor César Rosario y otros personajes de la población  que incidían en las relaciones con la región con los cuales establecí, por la naturaleza de mi trabajo en la empresa minera, estrechos lazos de amistad.

Esos lazos sirvieron de mucho a mi familia que en poco tiempo ya nos considerábamos como parte de la comunidad.

Con Romero y esos amigos me ayudaron a adaptarme a las nuevas amistades y sentirme mas cautivado por las imponentes vistas de las montañas de la Cordillera Central y teniendo como fondo el sonido de las aguas del rio Yuna.

Fuimos cautivados por lo que la naturaleza le había regalado a Bonao y a la vez me sirvieron de mucho para ayudar a mi familia y tener relaciones casi familiares con numerosas familias donde gracias a Romero me inserté en esa comunidad, que con su larga historia de haber vivido bajo los caprichos de un hermano del dictador  Trujillo, existía un recelo muy sutil en el ambiente que todavía, para ochos años después de desaparecida la dictadura, quedaban recuerdos y resabios de lo que se vivió durante 30 años en Bonao.

Romero gravitó poderosamente en la vida de Bonao desde cuando siendo estudiante formó con un grupo de jóvenes de igual edad una sociedad cultural La Cervantina que promovía actos culturales.

Luego prosiguió su intensa labor de entrega y árbitro con la comunidad. Se incorporaba con facilidad  con aquellas organizaciones que iban en ayuda a los demás.

De ahí que en 1965 ingresó al leonismo que recién llegaba al país. Fue miembro fundador de ese club de leones, que por muchos años mantuvo un activo programa de actividades, que aportaron  un carro bomba para los bomberos, semáforos y una ambulancia así como construir el local para un centro antiparasitario y lo sostuvieron con el personal que se necesitaba para la operación del mismo.

Romero vivió para Bonao y todos debemos reconocer que su entrega la hizo como una  vocación casi  religiosa en la cual volcaba ese amor por el aire de sus montañas y las brisas  que llegaban de los numerosos ríos que abundan y le dan vida en el valle.

De ahí se nutría este insigne letrado cuyo ideal era servir a su comunidad y ser un ente esencial para su desarrollo.

Y la vida le permitió   tener los medios, relaciones y las herramientas para alcanzar en parte sus deseos  de ver progresar  a su pueblo cuando vino de la comunidad de Bejucal donde  había nacido en la década del 20 del siglo pasado.

El doctor Pedro Eusebio Romero Confesor vivió para Bonao y  debemos reconocer que su entrega fue una  vocación casi  religiosa

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