OPINIÓN: Aprobar el Código Penal

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La Cámara de Diputados dio un paso de avance al aprobar en primera lectura el proyecto de ley que modifica el Código Penal, pieza fundamental para que la Justicia dominicana actualice y haga más efectivo su desempeño al fortalecer el régimen de consecuencias, haciéndolo más severo frente a las diversas modalidades del crimen y hechos de delincuencia. La seguridad ciudadana ha surgido como una prioridad y un gran desafío para las autoridades.

La pieza legislativa debe pasar a segunda lectura, en la que se espera su aprobación definitiva para que entonces sea conocida y aprobada por el Senado. Sin embargo, los debates en torno a su conocimiento han sido muy encendidos y contradictorios, al vincularse el tema del Código con el tema del aborto y las tres causales que ha despertado tanta controversia apasionada, lo cual ha obstaculizado la aprobación del Código Penal.

LA INFORMACIÓN ha sostenido la necesidad de que el tema del Código se desligue del tema del aborto, porque este último despierta muchas pasiones imposibles de armonizar por la imposibilidad de formular y concebir una doctrina que armonice sobre la concepción, origen y trascendencia del principio de la vida humana.

Los códigos doctrinales en general establecen el mandamiento de “no matarás”, entre otros mandatos, lo que podría querer decir  que el ente humano no tiene derecho a decidir sobre la vida de los demás congéneres. Sin embargo, las conductas de las personas frente a los sistemas sociales, familia, comunidad, Estado, etc., en ciertas circunstancias se conducen de forma desviada respecto a las normas y leyes que se acuerdan para el orden social.

Frente al peligro de esas desviaciones las prácticas institucionales llegan aceptar y ver como normal el crimen-castigo disponiendo de la vida de los que acometen conductas criminales. Por eso existe la “pena de muerte” en algunos naciones o la pena de “darle para abajo”, práctica común en nuestro país aceptada por lo bajo hasta por los religiosos.

El tema de la vida, entonces transcurre en dos planos: el humano y social que impone soluciones prácticas y orgánicas; y el plano de lo trascendente-religioso que transcurre en lo espiritual y en la abstracción de la ética que nos conecta con el Ser Superior creador y protector de las almas. Aquí cabe aquello de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Como se trata de asuntos de difícil armonización, lo práctico es al menos salvar el tema del Código, desconectándolo del tema de “el derecho de nacer”, es decir, de quién tiene el derecho sobre la vida humana, y dejar éste para un debate posterior y para una ley especial en la cual se pueda llegar a una instrumentalización que armonice los intereses, las emociones y las conceptualizaciones encontradas.

¡Ahora, pues, aprobemos el Código Penal!

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