OPINIÓN: Alerta con el estigma

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Los gobiernos democráticos encabezados por el perredeísmo en sus múltiples versiones, han transitado en su accionar en medio de conflictos de intereses que han desorientado la ejecución de sus agendas. A esa situación no escapa el presente gobierno.

Según las encuestas que maneja el Gobierno, el Presidente Abinader goza hasta el momento de una elevada aprobación en lo que va de su gestión, habiendo concentrado su accionar en el enfrentamiento de la pandemia y su secuela de daños sociales y económicos, así como en diversos planes para la reactivación de la economía, la activación de los servicios públicos, como salud, educación y las políticas sociales de emergencia y mi­tigación de la pandemia.

Sobresale la formidable labor en materia de educación al echar hacia delante el año escolar en medio de la pandemia, poniendo en marcha una nueva metodología con uso intensivo en tecnología que sentará las bases para una “revolución educativa”  que permita superar la pobre calidad de la educación dominicana.

También se destacan las iniciativas en materia de turismo, infraestructura vial y de presas hidroeléctricas, así como los planes para el desarrollo del Sur a partir del plan de Bahía de las Águilas, así como de la Línea Noroeste con el plan de desarrollo integral del Puerto de Manzanillo, entre otras muchas iniciativas de desarrollo equilibrado del país.

Sin embargo, el clima actual comienza a enrarecerse con una serie de situaciones conflictivas que desdibujan la agenda que viene ejecutando el Gobierno. Las protestas auspiciadas por el diputado Botello sobre el 30% de los Fondos de Pensiones; las movilizaciones de los profesores y personal de la UASD; las inquietudes clientelistas manifestadas por la militancia del partido de gobierno buscando los cargos públicos; la escalada alcista de los precios de los productos de la canasta fami­liar; y sobre todo las contrariedades que proyecta el Gabinete de Salud sobre la llegada de las vacunas y la falta inexplicable de la difusión del plan de vacunación, que debería ser socializado previo a su aplicación.

Todos esos elementos deben abordarse con sentido de eficacia operativa, de modo que la agenda del gobierno no se diluya en el imaginario de la gente. Por sobre esos problemas tiene que sobresalir la efectiva acción del gobierno, de manera que no haya espacio para que los sectores opositores muy bien entrenados en las intrigas del poder, puedan sacarle ventajas al viejo estigma de que el perredeísmo, ahora en su versión “moderna”, no sabe gobernar y manejar la eco­nomía y el Estado con coherencia y efectividad.

El gobierno de Luis Abinader reúne todas las condiciones para superar ese estigma azaroso sobre la imagen fabricada de la inoperancia histórica del perredeísmo en sus variadas versiones, de manera que  logre al mismo tiempo mantener una alta aprobación de parte de la población, para lo cual debe concentrarse y bien comunicar las ejecutorias sobre los ejes principales de su agenda de gobierno.

¡Qué se fortalezcan los puntos débiles!

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