ARTICULOS: Miriam y El Moreno

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Por Luís Pérez Casanova

Durante la guerra fría ningún izquierdista en ninguna parte del mundo podía morir en un accidente ni por alguna otra causa en que no interviniera de la CIA de Estados Unidos. En muchas defunciones resonantes, como la del dominicano Maximiliano Gómez (El Moreno), ocurrida en Bruselas, deseos no le faltaban a la agencia norteamericana de inteligencia de reivindicar su muerte como un trofeo y evidencia de sus tentáculos. Pero en el caso es posible que solo tuviera que conformarse con la ola sangrienta y las contradicciones que entre los exiliados en Europa generó el doloroso suceso.

No se han encontrado huellas que permitan concluir que la CIA o el Gobierno de Joaquín Balaguer tuvieron alguna participación en un caso que sí supieron utilizar para dividir y crear confusión en la izquierda. El 23 de mayo de 1971 El Moreno fue encontrado muerto a causa de la inhalación de un gas en el apartamento de Miriam Pinedo, viuda del asesinado dirigente de izquierda Otto Morales, con quien había procreado cuatro hijos. Miriam, que estaba todavía con vida, permaneció 26 días agonizando en un centro médico de Bruselas a causa de la misma sustancia emanada de un sistema de calefacción defectuoso.

La izquierda se ocupó de propalar la infame versión de que la viuda y madre de cuatro hijos admitió incluso tras salir del hospital que había sido utilizada para seducir y envenenar a El Moreno. La versión hubiera tenido algún viso de credibilidad si ella no hubiera tenido la suerte de sobrevivir al aparente y trágico accidente en su apartamento.

La mujer no supo lo que era la paz después que salió del hospital. Fue asediada, secuestrada y descuartizada por sus propios compañeros de lucha bajo el infundio de que en contubernio con la CIA se había prestado para quitar la vida a El Moreno. Uno de los integrantes de la supuesta comisión que interrogaría a la señora Pinedo confesó que ella declaró que el deceso del principal líder del MPD había sido un crimen como parte de la cacería atribuida a la CIA contra los presos políticos que habían sido canjeados por la liberación del agregado militar estadounidense, Donald J. Crowley, quien había sido secuestrado por un comando en los jardines del hotel El Embajador.

De reportajes tan bien documentados como el publicado en Listín Diario por la periodista María Isabel Soldevila Brea se concluye que la señora Pinedo fue víctima de una izquierda que además de matarla con saña diabólica se ocupó de deshonrarla. Inocente como es de la muerte de El Moreno, la memoria de esa mártir, ahogada por el sufrimiento, merece un desagravio de todas las fuerzas que han sentido algún respeto por la dignidad y los derechos humanos.

Por: Luis Pérez Casanova

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