ARTICULOS: Los oficios de la muerte

0
135
Por Marino Báez 

mbaezjj@gmail.com

La muerte no tiene parangón, siempre está al acecho para intervenir con la vida y dejarla enmudecer en el más infernal de los sentimientos extremos, causando un dolor que tarda hasta décadas para subsanarlo.

 Oh, desdichada candora de sorpresas inesperadas que te aparece ante el ser viviente cuando menos lo espera y en un serpenteante devenir marca tus pautas para cerrar su respiración. 

Muerte que atenta contra los vivos, pero favorece, muchas veces a los enfermos que desean morir para combatir sus dolores, eres el leísmo con el que ensalza a los ataviados. 

Eres el atajo de cualquier día frío, sin luz, uno de esos días gélidos, en los que al ser humano le falta el aire y; aprovecha- divina muerte- para meterte por debajo de la ropa, donde no hay prenda capaz de templar el cuerpo ni el espíritu.

Oh divina violadora de los principios seculares, siempre logras tus objetivos sin planificar a quién te quieres llevar para que forme parte de tu conglomerado divinito que se extasía en el alto cielo sin definición del viaje y estancia de su habitad.

Lo bueno de ti – Santa Calaca-, es que con tu desdentada sonrisa no escatima las penas, no acepta excusas, ni reclamos, para convertir en víctima de la sorpresa a aquellos seres que Dios ha dotado de vida durante su estadía en la tierra.

Lo malo de ti – Divina Muerte-, es que no sólo interviene contra los ávidos de humildad, sino que también te ensaña contra los afligidos y dirige tus tonadas dictatoriales sin avisos, con sorpresas desmedidas y a destiempo.

¿Por qué temerle a la muerte, si el primer muerto eres tú? – pregunta la huesuda empedernida-, esa que te hace creer, que mediáticamente comparte las vicisitudes de los vivos, y sobresale, en su descripción, una perspectiva cómica, en ocasiones irónica que refleja la vida misma. 

Es la muerte la recapitulación de un modo infernal que catapulta la vida sin espera, es tan importante, que nos llega a todos y se burla de todos nosotros «pero a su vez, se puede percibir que la muerte es parte de una estrategia singular creada por nuestro Dios para cambiar el plano residencial de los humanos.

Con la Muerte, señala Lope Blanch, lo que existe es una confianza familiar, «festiva» que se fornifica en verdades y mentiras. Razonables como el que más, «el amor nihilista de México hacia la muerte, la mortuoria picardía, se refleja en la cantidad de nombres que se utilizan para referirse a ella».

En Juan 11:11-14, Jesús compara la muerte con un sueño, lo define como “Un Sueño Eterno”, del que se nos hace difícil volver a despertar. El libro sagrado vincula la muerte a la resurrección, como se plantea en 1ra. Tesalonicenses 4:15-16: “aquellos que duermen en Jesús resucitarán en su Segunda Venida”.

Al referirse al tema de la muerte, el Nóbel mexicano, Octavio Paz, refiere «nuestras representaciones populares son siempre burla de la vida, afirmación de la nadería e insignificancia de la humana existencia», lo que nos dispensa preguntarnos, ¿qué es la muerte?, sin inventar una nueva respuesta. Cada vez que nos hacemos esta interrogante, nos encogemos de hombros: ¿qué me importa la muerte, si no me importa la vida?

En definitiva, “hay muertos (MB) que viven y no saben están muerto”.

El autor es escritor y periodista

Reside en Estados Unidos

Diciembre 12, 2021

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí