ARTICULOS: Contra la delincuencia

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En la actualidad dominicana se está librando una lucha contra la delincuencia y la criminalidad en dos planos: el plano de la alta delincuencia responsable del narco, la corrupción y el lavado de activo; y el plano de la delincuencia común o de bajo nivel con sus múltiples formas de violencia contra la ciudadanía que se atemoriza.

Para el primer plano ha jugado un decisivo papel la decisión y voluntad del presidente Abinader de propiciar una Justicia y un Ministerio Público indepen­dientes, despojándose del poder de él y de su partido para no intervenir en esos otros poderes del Estado.

De esa forma la ciudadanía contempla cómo en tan solo un año se han traducido a la Justicia, por iniciativa del Ministerio Público, numerosos casos de corrupción y de lavado de activos contra altos exfuncionarios y sus relacionados, al tiempo de que el propio gobierno ha sancionado y traducido a la Justicia a funcionarios propios por inconductas similares.

El último caso espectacular por la cantidad de allanamientos, ha sido la ope­ración Falcón, en la que es clara la articulación de las autoridades dominicanas encabezadas por la Procuraduría y la DNCD, con la agencia de los EE. UU contra el narco, la DEA.

La contundencia de esas acciones contra la criminalidad de alto nivel, no debe dejar dudas sobre la eficacia de la decisión del presidente de propiciar la independencia de la Justicia y del Ministerio Público, y que también por esa vía se habrá de lograr el objetivo nacional de fortalecer y consolidar la institucionalidad democrática.

La delincuencia común y de bajo nivel es paradójicamente más compleja de combatir, porque viene de un estado social de violencia asociado a procesos que tienen que ver con la descomposición social y que se traducen en la debilidad del control social interno y externo para disuadir la conducta delictiva.

No obstante, con la decisión del pre­sidente de apoyar a la Policía y la conformación de la Comisión De Reforma, debemos esperar que la Policía Nacional, no solo disponga de una Ley y de la debida documentación reglamentaria, sino que más que eso ofrezca una nueva organización policial, con un organigrama funcional, plataforma tecnológica moderna, recursos humanos entrenados y capacitados con un nuevo perfil, y con un sistema de compensación económica y de oportunidades colaterales, que hagan de la carrera policial una actividad digna y de seguridad para el policía y su familia.

Para esa reforma se ha de contemplar la participación de la Comunidad Organizada que apoye la gestión local, regional y nacional de la nueva Policía.

¡Marchemos, pues, contra la inseguridad ciudadana!  

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