ARTICULOS: Apuesta al fracaso

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Por Luis Pérez Casanova
Los argumentos con que la oposición cuestiona el proyecto de ley de fideicomiso público son tan frágiles, que todo el que tiene ojos para ver ha podido percatarse de que en realidad no se trata de una defensa de los intereses nacionales, que de ser así habría que aplaudir, sino de una burda estrategia para estigmatizar la gestión del presidente Luis Abinader.
Desde que en una muestra de receptividad de Abinader hubo que revocar la iniciativa sobre Punta Catalina porque no existía una ley de fideicomiso, además de que contenía figuras comprometedoras, como la del fideicomisante adherente, no ha cesado la cantaleta opositora de acusar al gobierno de privatizador o para los ricos con el claro propósito de malquistarlo con el pueblo. Sin una reforma fiscal que por lo menos proporcione más recursos para afrontar la ominosa deuda social es obvio que había que explorar alguna fórmula fuera de los préstamos para impulsar el desarrollo de Pedernales y otras zonas del territorio.
Si el proyecto de fideicomiso ha sido mal enfrentado, también ha sido mal defendido. Los voceros oficiales se han decantado más en negar que se trate de una iniciativa para privatizar el patrimonio público, que en exponer sus muchas bondades para mejorar las condiciones de vida de la población. El desarrollo de Pedernales, donde ya se inició la construcción de dos hoteles con una primer inversión de 240 millones de dólares, es un buen ejemplo de la trascendencia para la economía de la iniciativa con que la oposición busca confundir a la opinión pública para sacar provecho político.
El juego político no se ha caracterizado aquí por las propuestas para mejorar, sino por los críticas para dañar. Contra el proyecto ha habido observaciones ponderadas, dignas de tomarse en cuenta para evitar que se lesione el patrimonio nacional, pero en la mayoría de los casos lo que se ha visto son objeciones sin argumentos de dirigentes y legisladores de quienes se duda que conozcan la figura que cuestionan. Hablan más bien por boca de ganso.
Si el camino que ha encontrado la oposición para escalar al poder es el fracaso de Abinader, sin importar las consecuencias, es muy probable que se le pele el billete. Con el reconocimiento internacional que se ganó por el manejo de la pandemia sanitaria, los esfuerzos para consolidar el sistema institucional y la oportuna intervención de su equipo para reducir los efectos de la inflación, ese colapso se ve lejano. Como sabe lo que quiere y no se le puede acusar de enriquecimiento, dilapidación, nepotismo, clientelismo y de ninguna de las lacras que han atrofiado el desarrollo de la nación el mandatario está muy por encima de las críticas.

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