¿Se imagina no llevar mascarilla al aire libre? En Estados Unidos ya es una realidad. El pasado jueves, los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades en Estados Unidos (CDC) actualizaron sus recomendaciones sobre las medidas de prevención introduciendo la novedad más esperada: no se considera necesario el uso de la mascarilla al aire libre para aquellos que están completamente vacunados.

La idea es que estas personas puedan recuperar las actividades que hacían previamente a la pandemia, es decir, «recuperar la normalidad» (siempre y cuando no existan normas locales que digan lo contrario).

Desde los CDC insisten en que la recomendación solo aplica a las personas que estén completamente vacunadas. Se considera que una persona está «completamente vacunada» cuando han transcurrido dos semanas tras la administración de la segunda dosis de la vacuna (o de la única dosis en el caso de la vacuna de Janssen).

Eliminar la mascarilla entre los vacunados es una suerte de «premio» que podría incentivar la vacunación entre los estadounidenses. Aunque el porcentaje vacunados ya supera el 35% de la población, en algunos puntos el ritmo de vacunación se ha frenado durante las últimas semanas.

Esta situación ha llevado a algunos estados a ir un paso más allá y desarrollar estrategias más imaginativas que eliminar la mascarilla. Desde ofrecer entradas gratis para ir al zoo del Bronx o a los partidos de béisbol de los Yankees en Nueva York, hasta la estrategia «inyección y cerveza» en Nueva Jersey. Sí, han leído bien, por cada dosis de suero el vacunado uno se lleva la cerveza puesta. Si estas estrategias les parecen hilarantes, no se pierdan al gobernador de Ohio y su «vacuna de millón de dólares».

Un plan que consiste en cinco sorteos durante cinco semanas consecutivas con un premio de un millón de dólares cada uno. Ni siquiera hay que comprar billete de lotería. Basta con ser residente en el estado y estar vacunado.

¿Eliminar mascarilla en exteriores?

Como comentábamos, en Estados Unidos el porcentaje de personas totalmente vacunadas supera el 35% y prácticamente la mitad ha recibido ya una dosis.

En España vamos bastante por detrás con un 13,9% de vacunados y un 30,5% con al menos una dosis. Sin embargo, vacunación a un lado, son muchos los investigadores que, en base a la evidencia científica disponible sobre los mecanismos de transmisión del virus, defienden la idea de liberarnos de la mascarilla en exteriores siempre y cuando pueda respetarse la distancia de seguridad. Tras un año largo de pandemia ahora sabemos que los contagios en exteriores son muy infrecuentes, ya que al exhalar al aire libre los potenciales virus se dispersan en el aire con facilidad.

Debate abierto
¿Tiene sentido mantener la obligatoriedad de la mascarilla para ir caminando solo por un parque? Desde el punto de vista científico, ninguno en absoluto.

Tampoco tiene sentido usarla para estar tumbado en la playa o para caminar por el monte. Sin embargo, en circunstancias en las que en general haya cierta aglomeración de personas (un mercadillo abarrotado, un concierto donde se canta y grita, correr sin guardar las distancias, echar el aliento a otros viandantes, etc.) el riesgo, aun siendo menor que en interiores, aumenta. ¿Justifican estas excepciones que toda la población deba llevar mascarilla en todo momento «por si las moscas»? Hay expertos que consideran que «abrir la mano» podría llevar a la relajación y a no usar la mascarilla incluso en situaciones de riesgo. Opinan que la «sujeción general» ayudaría a cumplir las normas. Sin embargo, el ciudadano no es tonto y su paciencia tiene un límite.

En palabras del intensivista pediátrico Alberto García-Salido, «la ‘fatiga pandémica’ también es tomar medidas que no tienen base estando al aire libre. En ausencia de aglomeraciones, obligar a esto generará agotamiento e incumplimiento. Se pierde la confianza en quien decide». El debate está abierto y la cuerda cada vez más tensa.

Estrategia eficaz
Son muchos los factores que entran en juego a la hora de tomar una decisión que afecta significativamente a las medidas de prevención. Las autoridades sanitarias, teniendo en cuenta la evidencia científica junto con la situación epidemiológica actual (incidencia acumulada, porcentaje de vacunados, etc.) deberán valorar si ha llegado el momento de prescindir de la mascarilla en exteriores. Sin embargo, sea cual sea su decisión, es exigible que argumenten al ciudadano cuáles son los motivos que la sustentan.

Llegado el momento, sería muy útil publicar una guía en la que se explicara, punto por punto y con ejemplos claros basados en la evidencia, en qué circunstancias al aire libre es útil usar la mascarilla y en cuáles se puede prescindir de ella. Junto al lavado de manos, la distancia física, la mascarilla, la ventilación y la vacunación, la buena comunicación debería ser una estrategia prioritaria para contener el virus.

Por: LUIS PAREJO

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