Carlos Everstz Fournier fue un sicario Grandes Ligas: Lo mataron de un disparo en la cabeza
Para el sistema de justicia dominicano, golpear un perro es un caso de mayor preponderancia y mucho más grave que un crimen considerado de Estado, a juzgar por el trato que se le dio al asesinato del sicario Carlos Everstz Fournier, ocurrido el 26 de septiembre de 2003, en Santiago, República Dominicana.
El caso de Everstz Fournier, quien había vaticinado su muerte tras confesar que un coronel de la Policía le ofreció un millón de pesos por la muerte del senador Dario Gónez, contrasta con el caso de la joven Mildred Margarita Victoriano, quien en abril de este año fue sentenciada a cumplir un año de prisión suspendida y el pago de una multa de 25 salarios mínimos, por golpear una perra.
La condena a dicha imputada le fue impuesta por la juez Milagros Mercedes Ramírez Cabrera, de la Novena Sala Penal del Distrito Nacional.
Al caso citado se le prestó mucho mayor atención que al de Everstz Fournier, quien por demás había admitido la confesión de más de 38 crimenes por encargos durante la dictadura de Trujillo y los 12 años de Gobierno del doctor Joaquín Balaguer.
Naturalmente, la muerte de Everstz Fournier ocultaba de una vez y para siempre múltiples asesinatos encomendados por militares, policías y civiles, durante los años de la dictadura trujillista y los 12 años de Balaguer, tal y como él lo había advertido.
Resulta una paradoja de la justicia dominicana contemporánea que el maltrato de un perro (que no debe ser) movilice de inmediato al Ministerio Público, reactive la aplicación de la Ley 248-12 y genere un repudio social unánime, mientras que el asesinato a plena luz del día de un testigo clave como Carlos Everstz Fournier —quien predijo su propia ejecución tras destapar una trama de violencia política— fuera sepultado en el olvido institucional, evidenciando que en el país el sistema judicial a veces avanza con rapidez ante la crueldad cotidiana, pero se paraliza por completo ante los crímenes de Estado.
En la justicia dominicana, el caso de Carlos Everstz Fournier quedó prácticamente en la impunidad total, ya que su propio asesinato nunca fue esclarecido de manera formal ni recibió una condena judicial. Su muerte es considerada por expertos jurídicos y su defensa como un «crimen de Estado» diseñado para silenciarlo.
Tal como predijo, el 26 de septiembre de 2003, Everstz Fournier fue acribillado a tiros por desconocidos a bordo de una motocicleta mientras esperaba un autobús en la rotonda del ensanche Libertad, en Santiago de los Caballeros.
Tras su ejecución, las autoridades judiciales y policiales no profundizaron en las investigaciones para dar con los autores intelectuales o materiales de su muerte.
Su abogado de entonces, Carlos Olivares, denunció públicamente que el caso fue cerrado de facto para evitar que se abriera una «caja de Pandora» que salpicara a altas esferas del poder político y militar de la época.
Mientras que el asesinato de Everstz quedó en el olvido judicial, por el caso del senador Darío Gómez (del cual él era testigo clave), sí se condenó a 30 años de prisión a los autores materiales, aunque la familia del legislador siempre ha sostenido que los verdaderos autores intelectuales nunca pagaron ante la justicia.

Everstz Fournier, de padres holandeses, hizo confesiones muy comprometedoras sobre el asesinato del senador Dario Gómez, y habría advertido que tras lo dicho, su vida no valía un centavo.
Al efecto, así fue. Everstz Fournier fue asesinado un año después, el 26 de septiembre de 2003, en la rotonda del ensanche Libertad, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, cuando esperaba transporte para dirigirse a su trabajo en Puerto Plata.
El nombre de Carlos Everstz Fournier figura en la historia penitenciaria y policial del país junto a personajes como «La Soga», formando parte de la lista de sicarios o agentes con cuentas pendientes que terminaron ejecutados antes de que la justicia ordinaria pudiera procesar sus confesiones.